Vigésimo séptimo Domingo Tiempo Ordinario (A)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

27º Domingo Tiempo Ordinario (A) Mat 21:33-43 - Octubre 08, 2017

“Finalmente les envió a su hijo, pensando: ´A mi hijo lo respetarán.´ (…) Pero los viñadores lo mataron”.

Una de las fábulas de Esopo nos cuenta la historia de un perro que llevaba en su boca un hueso robado. Al cruzar un puente sobre un río él se mira a sí mismo reflejado en el agua. Él lo toma como si fuera un segundo perro con un hueso más grande. Abre su boca para ladrarle al “otro” pero al hacerlo su propio hueso se cae al fondo del río, terminando así sin ningún hueso. La moraleja de la historia es que el que codicia algo, lo pierde todo. A los arrendatarios de la parábola de hoy les pasa algo similar; por su avaricia, pierden su trabajo.

Oímos desde el comienzo de la parábola que Jesús la dirige a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Jesús usa la imagen de la viña de Isaías 5: 1-7, y cuenta la historia de un patrón que plantó una viña con tanto cuidado y amor, se la arrendó a unos que la cultivaran y se fue de viaje. Cuando llegó el tiempo de la cosecha envió a sus criados para obtener la parte que le correspondía. Los cultivadores maltrataron a unos y aun mataron a otros. Finalmente el patrón envió a su hijo, pensando que lo respetarían. Los malvados cultivadores mataron al hijo, esperando quedarse con su herencia.


Al terminar la historia, Jesús le preguntó a su audiencia qué pensaba que haría el dueño de la viña. Esta parábola tiene un fin educativo y jurídico, con la cual el maestro cuenta una historia con la intención de que su audiencia saque sus propias conclusiones y juzguen por ellos mismos. El mejor ejemplo que conocemos es la historia encontrada en 2 Samuel 12: 1-12, cuando David ha pecado, tomando la mujer de Urías. Natán le cuenta a David que un hombre rico se le robó la única ovejita que tenía un pobre, para prepararle un banquete a un visitante.

Jesús como Natán, espera que quien lo escucha emita un juicio. David, por supuesto, declara que quien cometió esa maldad merece morir. El profeta Natán le dice a David: “Ese hombre eres tú”. En la parábola del Evangelio Jesús les pregunta a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué hará cuando venga el dueño de la viña con esos cultivadores? Ellos le respondieron: Dará una mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros cultivadores, que le entreguen puntualmente la parte de la cosecha que le corresponde”. Jesús les devuelve a ellos su propio juicio: en la misma forma, el Reino de Dios les será quitado para confiárselo a un pueblo que produzca buen fruto.


En este domingo se nos invita a ver la parábola de Mateo como parte de nuestra propia historia. Los cultivadores encargados de la viña, ya no los de la parábola sino de la vida real, han matado a muchos de los profetas y finalmente mataron a su hijo, Jesús, presente en las víctimas inocentes de la violencia. ¿Qué juicio hará Dios contra esos arrendatarios? Nuestro sentido común está listo a juzgar que la justicia divina castigará aquellas malas obras.


Tratemos de involucrarnos en la parábola de la viña. El principal punto de nuestra reflexión hoy es que Jesús se dirige a cada uno de nosotros como administradores de la viña de Dios. Y esa viña hoy es la Iglesia. Nosotros somos responsables por esta viña en el mundo. ¿Hemos producido los buenos frutos de justicia y amor? ¿Estamos trabajando, como San Francisco de Asís, para ser instrumentos de paz, justicia, amor y reconciliación en nuestra familia, colegio, universidad, o trabajo? ¿U obramos con violencia y agresividad contra nuestros semejantes los seres humanos? ¿Se nos olvida a veces que solo somos administradores de la viña? ¿Compartimos nuestros bienes con tantos otros que están pasando hambre?

El Evangelio hoy y cada vez que es proclamado se refiere siempre a las obras de amor de Dios; el Evangelio nos reta a nosotros y no a los judíos ni a la gente del tiempo de Jesús. Así que la parábola de hoy nos cuestiona si somos personas que producimos los frutos del reino de Dios. La parábola que nos cuenta hoy Jesús se refiere a la responsabilidad por la viña del Señor para que produzca una cosecha de amor donde hay odio, de perdón donde hay injuria, de luz donde hay tinieblas, tal como oramos juntos con Francisco de Asís.

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