Vigésimo tercer Domingo Tiempo Ordinario (A)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

23º Domingo del Tiempo Ordinario (A) Mateo 18: 15-20  Septiembre 10, 2017

“Dios ha reconciliado el mundo consigo en Cristo y ha confiado en nosotros el mensaje de la reconciliación”.

El personal médico y los miembros de la Secretaría de Salud tienen la responsabilidad de prevenir anticipadamente a la gente acerca de enfermedades contagiosas o condiciones o hábitos no saludables. El personal de estos servicios de salud no tiene excusa en su deber presumiendo que las personas no les harán caso, o que sus advertencias las va a irritar.

Las lecturas para este Domingo nos hacen conscientes de nuestras responsabilidades mutuas. Las enfermedades espirituales aparecen entre las personas con las que convivimos o a quienes amamos. Nosotros podemos ayudar a prevenir y evitar problemas cuando damos a tiempo una advertencia.


Así como Dios colocó a Ezequiel como vigía para el pueblo del Antiguo Testamento, nosotros aceptamos, como hermanos y hermanas, que debemos tener el coraje y el amor de advertir a los demás acerca del peligro.

Los adolescentes a menudo se disgustan cuando sus padres y maestros los previenen sobre el alcohol, las drogas, el cigarrillo y el sexo. Los que tienen esa responsabilidad deben ser modelos y buenos consejeros. Pero esto no solo sucede con los jóvenes, también con los adultos. Hacemos bien siendo prudentes y amables cuando sabemos, por ejemplo, que un matrimonio está a punto de romperse, o cuando familiares o amigos tienen problemas de alcohol, o dejan de participar en la Iglesia, o se meten en diferentes líos.

En la primera lectura Ezequiel habla de la responsabilidad que tenemos los unos por los otros. Hace mal quien pretende ignorar el mal comportamiento de alguien. El Evangelio habla de un caso de una persona que te ha ofendido. Jesús nos enseña todo un proceso sabio de conciliación: habla en privado con la persona acerca del problema. Si no te atiende llama a dos o tres para hablar sobre el asunto. Si todavía no se resuelve el problema lleva el caso ante la comunidad para ser discutirlo. Si la comunidad está de acuerdo contigo y la otra persona continúa en la ofensa, entonces esa persona ya no hace parte de la comunidad.

En esta parte del Evangelio de hoy y el próximo Domingo, San Mateo considera la importancia del perdón en la comunidad y cómo tratar a los pecadores. Hoy la enseñanza del Evangelio es cómo tratar con la persona que ha pecado, y la próxima semana Pedro pregunta cuántas veces él debe perdonar a su hermano. El énfasis en esta parte del Evangelio está en el perdón y en la presunción de que el principal deber de la comunidad es la reconciliación de los pecadores, aceptando que somos hermanos y hermanas en una misma comunidad y no extraños.

Sin ser entrometidos, sino respetuosamente, debemos mostrar preocupación por nuestros hermanos y hermanas y ayudarnos mutuamente a advertirnos de los peligros espirituales y morales en nuestras vidas. En la Misa oramos por los miembros de nuestra comunidad que necesitan apoyo.buenos consejeros. Pero esto no solo sucede con los jóvenes, también con los adultos. Hacemos bien siendo prudentes y amables cuando sabemos, por ejemplo, que un matrimonio está a punto de romperse, o cuando familiares o amigos tienen problemas de alcohol, o dejan de participar en la Iglesia, o se meten en diferentes líos.


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