Vigésimo Domingo Tiempo Ordinario (A)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

VIGÉSIMO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO (A) Mateo 15: 21-28                                         Agosto 20, 2017

“Una mujer cananea de aquel lugar se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David (…) Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.

Estando yo trabajando en una misión con dos grupos diferentes en el Amazonas, alcancé a oír una conversación entre un papá indígena y su hijo joven dentro de una maloca de Huitotos. El grupo étnico Huitoto y los Boras eran enemigos en el pasado. Aún hoy ellos desconfían el uno del otro y los huitotos acusan a los boras de haber sido peligrosos y sus ancestros antropófagos. El papá, que era un taita, o jefe, era un hombre noble y líder correcto. Su hijo le pidió permiso para ir de cacería con su nuevo amigo bora. El taita le dijo: “De ninguna manera, no puedes asociarte con esa gente tan salvaje”. Esta conversación sucedió en frente de un grupo grande de la tribu. El jovencito inmediatamente respondió: “Papá, tú nos has enseñado a no tener prejuicios”: El padre abrazó a su hijo y habló para toda la asamblea: “Esto es lo que yo quería que toda mi gente escuchara, no discriminar, y aceptar  a los Boras como el pueblo de nuestros hermanos y hermanas.


Si nos sorprendemos de que los judíos y los palestinos no se quieran el uno al otro, al punto de ir a la guerra, la violencia y la muerte, solo necesitamos echar una mirada al tiempo de Jesús y darnos cuenta que este odio no llega repentinamente, ellos se llamaban mutuamente “perros” Había resquemor entre estos dos grupos, judíos y gentiles conversos, en la primitiva Iglesia. Los judaizantes o judío-cristianos exigían a los cristianos venidos de la gentilidad que se hicieran judíos y que observaran la Ley de Moisés y sus tradiciones. Los gentiles y la Iglesia naciente creían que el cristianismo no era una secta judía, sino un nuevo camino de vida. Jesús extendió su invitación a todos, judíos y gentiles, sin distinción, a ser los hijos de Dios.

En el libro de Isaías leemos hoy que cuando los israelitas regresaron a su patria, después del exilio babilónico, encontraron su territorio ocupado por extranjeros gentiles. En vez de expulsarlos de su suelo, Isaías les pide, hablando en nombre de Dios: “A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor (…) a ellos los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración (…) porque mi casa es casa de oración para todos los pueblos”.

Hoy le escuchamos a Jesús una lección doble: la persistencia en la oración, y el universalismo de la salvación. Una mujer gentil, una cananea, se acerca a Jesús y le pide que sane a su hija. Ya en la multiplicación de los panes, Jesús les había enseñado a sus discípulos a ser compasivos con la gente que tenía hambre y les dice que ellos mismos los alimenten.

En esta ocasión los discípulos le piden a Jesús que se deshaga de la mujer, y seguramente nos escandaliza oír semejante actitud insensible de Jesús. Primero él no contesta una sola palabra, después dice que él ha sido enviado solamente a los israelitas; después de que la humilde mujer le suplica: “Señor, ayúdame”, él le responde: “No está bien echar el pan de los hijos a los perros”. La mujer no toma ese “no” como última palabra, ella va aún más lejos en su humildad: “Tienes razón, Señor; pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Jesús da una respuesta positiva al ruego de fe de la sencilla mujer.

La aparente frialdad de Jesús, y la crueldad de sus palabras son el eco de la forma como se comportan los judíos, quienes no quieren ver nada con los gentiles y los consideran como perros. El ánimo  evidentemente de las palabras de Jesús fue el de hacer consciente a los discípulos de qué inadecuado es ser parcial, racista, xenofóbico y también rudo con la mujer. Y el racismo no es solo asunto del color de la piel, sino que incluye la cultura, la religión, la opinión, el nacionalismo excluyente, y el elitismo.

En la Carta a los Romanos Pablo nos muestra que la fe une al pueblo de Dios, sobrepasando todas las barreras que nos separan. Para nosotros los cristianos, como lo fue para los judíos, la mujer cananea es una guía profética de fe, humildad y aceptación. ¿Qué podía ser lo peor como modelo para un judío santurrón, que una persona cananea bien conocida por su idolatría y por los sacrificios humanos, además de ser extranjera impura, y además ser mujer? Pero es la fe de esta mujer la que se gana a Jesús. En esta Eucaristía hoy, Cristo nos hace uno, y nos capacita para aceptarnos y amarnos mutuamente.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Nuestros Visitantes

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy102
mod_vvisit_counterAyer81
mod_vvisit_counterEsta Semana183
mod_vvisit_counterLa Semana Pasada655
mod_vvisit_counterEste Mes2488
mod_vvisit_counterEl Mes Pasado2885
mod_vvisit_counterTodos los Dias833111

We have: 32 guests online
Su IP: 54.158.21.160
 , 
Today: Sep 25, 2017

Encuesta

¿QUÉ TIPO DE CONTENIDO DESEAS VER EN ESTA PÁGINA?

Síguenos