Decimoséptimo Domingo Tiempo Ordinario (A)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

17º Domingo del Tiempo Ordinario (A) Mateo 13: 44-52

Julio 30, 2017

“El reino de los cielos es como un comerciante en perlas finas. Al encontrar una de mucho valor, vendió todo lo que tenía y la compró”.

Normalmente nosotros pensamos en la sabiduría, como visualizando a un hombre viejo, barbado y calvo, en un laboratorio o biblioteca llena de libros, no teniendo tiempo más que para leer y escribir. Pero lo aprendemos en la Sagrada Biblia, que la sabiduría no es teoría ni algo abstracto. La sabiduría es práctica. Es vivir de una manera recta y honesta.

Nuestras tres lecturas de hoy nos dan una clave del profundo amor de Dios por nosotros. En la primera lectura del Libro de los Reyes oímos la historia de un hombre que hizo un buen comienzo al hacerse rey de Israel. Su nombre era Salomón y gobernó a su pueblo después de su padre David. En un sueño Dios le ofreció lo que él pidiera. Él pudo pedir riquezas o el triunfo sobre sus enemigos. Nada de esto pidió. Él pidió sabiduría para poder regir prudentemente. Esa fue una gran decisión que agradó a Dios. ¿Nuestros políticos, jefes militares, líderes civiles y religiosos, padres y maestros piden esta clase de sabiduría? ¿Nosotros mismos pedimos un corazón comprensivo y compasivo, la habilidad de discernimiento para tomar decisiones apropiadas, para ser honestos en la escogencia del bien y cumplir con nuestras responsabilidades?


Pienso que una forma sabia de ser responsables es fijarnos valores prácticos en nuestras vidas. Preguntarnos y respondernos ¿cuáles son nuestras metas, nuestras prioridades? ¿Cuál es nuestro proyecto de vida?

Las responsabilidades que nosotros tenemos son cargas pesadas. San Pablo, un hombre sabio y santo escribió en su Carta a los Romanos: “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo amamos”. Es sabio confiar completamente en Dios como la fuente de todos nuestros bienes, y poner nuestras vidas y preocupaciones en sus manos y pedir siempre su ayuda.

Nuestra segunda lectura de hoy nos habla de la predestinación. Pero la predestinación no puede eliminar la libre voluntad. La predestinación es el deseo de Dios de que participemos en su amor y felicidad. Somos llamados a compartir la imagen del Hijo de Dios, y por consiguiente su santidad. En otras palabras: somos predestinados a participar de la bondad de Dios, pero tenemos la libertad de rechazar esa invitación.

Al orar por el don del discernimiento llegamos a un conocimiento más profundo de lo que somos y de lo que Dios quiere que seamos. Y la sabiduría es entender y aceptar la predestinación individual de Dios por nosotros. Entonces seremos conscientes de nuestras fortalezas y talentos, y de nuestras debilidades y limitaciones. Cuando nos damos cuenta del amor de Dios por nosotros, y qué tan preciosos somos para él, habremos encontrado el tesoro y la perla de gran precio.

Hace ochocientos años, dos jóvenes, San Francisco y Santa Clara se deshicieron de todo lo que tenían para ganar el tesoro escondido. Francisco y Clara transformaron sus vidas y a Europa, haciendo del siglo XIII uno de los más brillantes. Cuando nosotros encontremos a Cristo como nuestro gran tesoro, la manera más sabia es venderlo todo y comprar el inestimable campo de nuestra fe.

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