Semana Santa y Domingo de Pascua (A)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

SEMANA SANTA Y DOMINGO DE PASCUA abril de 2017

JUEVES SANTO: LA CENA DEL SEÑOR. Juan 13: 1-15- Abril 13

“El Señor Jesús en la noche en que fue entregado tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Lo mismo hizo con la copa después de cenar. Les dijo: esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre. Cada vez que beban de ella, háganlo en conmemoración mía”.

¿Se han imaginado ustedes alguna vez nuestra fe y nuestras celebraciones sin la Eucaristía? Lo cual significaría una fe y una reunión sin ni siquiera la Misa Dominical. Para nosotros la Eucaristía no es solamente el distintivo de nuestra celebración cristiana católica sino el centro de nuestra liturgia. No es necesario compararnos con otras denominaciones cristianas u otras creencias, pero las palabras del Evangelio y de la primera Carta de Pablo a los Corintios nunca tendrían el mismo sentido cuando nos dicen: “El Señor Jesús en la noche en que fue entregado tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Lo mismo hizo con la copa después de cenar. Les dijo: esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre. Cada vez que beban de ella, háganlo en conmemoración mía”.

Esta noche es el prólogo a la traición en el jardín con el beso de Judas, y con el dolor de la cruz, pero también de la tumba vacía. Esta noche los símbolos del amor de Jesús sobrepasan toda palabra: la Eucaristía, el sacerdocio, el mandamiento del amor.

 

Los israelitas celebran la libertad de Egipto, y la renovación de la alianza. Pablo nos enseña que la Pascua de Cristo es nuestra nueva alianza en su sangre. Al final de la última cena Jesús nos asegura su presencia eucarística, y por esto él instituye el sacerdocio cristiano; de esta forma no hay Eucaristía sin sacerdocio, ni sacerdocio sin Eucaristía. El sacerdote participa en el sacerdocio eterno de Cristo, respondiendo a su llamado de servicio del único sumo sacerdote y de su pueblo.

El Evangelio nos trae a la memoria el lavatorio de los pies de los apóstoles por Jesús, oficio que en su tiempo era hecho solo por un siervo. Este gesto le da el sentido a la vocación del servicio humilde de la Iglesia entera.

VIERNES SANTO: LA PASIÓN DEL SEÑOR Abril 14

El antiquísimo nombre dado a este día, me recuerda la pregunta una vez hecha por una joven niña al finalizar la liturgia: “Después de tanto sufrimiento y crueldad soportados por Jesús, ¿por qué en vez de llamar este día, Viernes Malo, todavía lo llamamos, Viernes Santo?” Bien, lo que hace bueno y santo este día no es la acción de los malvados, sino el amor de Jesús.

Las lecturas de la Escritura se centran en los sufrimientos de Cristo. El cántico cuarto del Siervo, imagen de Cristo, describe el comportamiento del Siervo, despiadadamente tratado, que permanece en silencio. Pero su tormento sufrido en favor del pueblo, es la redención de sus pecados. La Carta a los Hebreos también agrega: “Aprendió sufriendo a obedecer. Y (…) se ha convertido para todos los que le obedecen en fuente de salvación eterna”.

En la historia de la Pasión escrita por Juan, aprendemos que en medio de sus sufrimientos, Jesús ofrece libremente su vida en obediencia al Padre, y él está en control; asertivamente le pregunta dos veces a sus enemigos: “¿A quién buscan?” Y cuando ellos responden: “A Jesús de Nazaret”, él les dice: “YO SOY”. En la última cena le ha dicho a Judas, su traidor, que lo que va a hacer lo haga pronto. Jesús contesta a las preguntas del sumo sacerdote y de Pilatos. Al soldado que lo abofetea, le dice: “Si he hablado mal, dime en qué, y si no, ¿por qué me pegas?” Al final de su vida entrega a su discípulo amado a su Madre María, figura de la Iglesia. Estando en control de su vida hasta el último momento y asegurando que todo se ha realizado, declara: “Todo está cumplido”, y entrega su vida en manos de su Padre Celestial.

SÁBADO SANTO Abril 15

En una homilía muy antigua en la Liturgia de las Horas, para el Sábado Santo, encontramos una frase que puede dar significado a este día santo: “Hoy hay un gran silencio en toda la tierra, gran silencio y quietud”. Esto no significa que hoy sea un día vacío en el sentido de oración y lectura espiritual. Ciertamente no hay celebración de la Eucaristía, pero podemos, en lo posible, mantener este día de paz, un día de silencio, lectura y descanso, dado que todo se mueve hacia la celebración de la gran Vigilia Pascual, con la Liturgia de la Luz, la Liturgia de la Palabra, la Liturgia Bautismal, y la Liturgia de la Eucaristía.

El Sábado Santo es un día de silencio y reflexión, descanso en nuestra vida acelerada. Es un tiempo de expectativa de la noche de la gloria y el triunfo pascual de la Resurrección del Señor. “No tengan miedo. Sé que buscan a Jesús el crucificado. No está aquí, porque ha sido resucitado tal como lo había dicho”.

DOMINGO DE PASCUA (A) Juan 20: 1-9. Abril 16, 2017

“Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día (…) Los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados”.

Una vez, el profesor de catequesis de los alumnos de grado octavo, les propuso a sus estudiantes que les contaran el misterio de la Resurrección de Cristo, a los pequeñitos de primer grado en la liturgia del Domingo de Pascua. La representación le ayudaría a él a predicarles la homilía en la Pascua. En vista de que la Pascua de Jesús no es una historia tan fácil de cubrir, dado que los niños no necesitan conceptos abstractos para explicar o probar la resurrección de Jesús, sino imágenes, algo que ellos puedan ver y oír, sentir y tocar, decidieron basarse en todas las lecturas de la Escritura proclamadas en la Misa del Domingo de Pascua, y con la ayuda de videos, canción y actuación en vivo ellos narraron hermosamente la historia.

El Evangelio nos cuenta que la resurrección comienza con el relato de la tumba vacía, donde María Magdalena llora no solo por la muerte de su Maestro amado. Ella corre donde Pedro y Juan, porque se imagina que alguien ha sacado el cuerpo de la tumba, y ella no sabe dónde lo han puesto. Entonces vemos a Pedro y a Juan corriendo hacia el sepulcro en una competencia desigual, donde el joven Juan llega primero a la sepultura. Él se inclina, ve las vendas mortuorias, pero no entra; espera para que su jefe entre primero. Tanto Pedro, como Juan ven el sudario que ha cubierto la cabeza enrollado y colocado en otro lugar. Cuando Juan también entra, él ve y cree. Estas acciones son representadas en forma rápida y mostrando evidente sorpresa.

Luego los jóvenes de grado octavo mostraron a Pedro en casa de un no-judío, Cornelio. Con simplicidad pero lleno de sabiduría, Pedro en un minuto sintetiza todo el ministerio de Jesús: lo que ha pasado en Judea, comenzando por Galilea, Jesús ungido por el Espíritu Santo y en poder, enseñó y curó a muchos. Sus enemigos lo mataron colgándolo de un madero. Dios lo resucitó al tercer día, y fue visto por muchas personas, pero no por todos. En su nombre tenemos el perdón de los pecados. Nosotros no les dijimos a los niños de grado primero que este primer mensaje corto es llamado técnicamente kerigma, palabra griega que significa semillita.

Los estudiantes mayores que representaban a Pedro y a los otros apóstoles no trataban de probar la resurrección ni explicarla; solo que Dios transformó la ignominia de la muerte de Jesús en la cruz en una gloriosa resurrección, en la cual nosotros sus discípulos somos invitados a compartirla, dado que la resurrección es para Cristo y para nosotros.

Cuando le llega el turno a la carta de Pablo, el apóstol, usan la figura metafórica de la levadura vieja para explicar que esta levadura enrarecida puede echar a perder  toda la masa. De esta forma Pablo previene a los corintios a no seguir el mal ejemplo, sino a arrepentirse de sus caminos de pecado. Más tarde los chicos son invitados a pedir perdón a Dios por sus malas acciones.

La representación de la resurrección termina con la presencia de María Magdalena junto al sepulcro vacío; allí ella es la primera persona que ve a Jesús vivo. María es también la primera creyente en ir a toda prisa y con gozo a predicar: “He visto al Señor”.

El mayor de todos los milagros, la resurrección, no es solamente algo para ser contado, sino también para ser celebrado. Y como hicimos con los niños en el colegio, ahora, después de escuchar las buenas noticias, celebramos la muerte y resurrección en el altar del Señor. La resurrección de Cristo no es simplemente un episodio grandioso en la historia cristiana, sino que es algo que aunque hubiera parecido imposible, continúa transformando nuestras vidas por el poder de Cristo y de su espíritu Santo.

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