Domingo de Ramos y Triduo Pascual (A)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

DOMINGO DE RAMOS (A) Mateo 26:14- 27:66. Abril 09, 2017

JUEVES SANTO, VIERNES SANTO Y VIGILIA PASCUAL

“Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre”.

El Domingo de Ramos del año pasado, un día como hoy, Domingo de la Pasión del Señor, leyendo el Evangelio de la entrada de Jesús a Jerusalén, en el atrio de la iglesia, estaba un pequeño acompañado de su mamá y su papá, y escuchando atentamente las lecturas. Yo alcancé a oír cuando el niño le preguntó a su mamá: “¿Qué quiere decir Hosanna al Hijo de David?” La mamá le susurró algo que no alcancé a oír, pero que pareció que satisfacía al niño. La misma familia se colocó en la primera banca para el resto de la liturgia. Durante la lectura de la Pasión del Señor, cuando Pilatos preguntó a la multitud qué debería hacer con Jesús, ellos contestaron dos veces: “Crucifícale. Crucifícale”. Esta vez el chico se dirigió a su padre y le preguntó: “¿Por qué lo quieren matar?” El hombre en voz muy baja le dijo algo. El niño pareció sorprendido. Lo que era importante en ese momento no eran tanto las respuestas de los padres, sino las inquietudes del pequeño. Al final de la Misa yo al despedirme de la gente, le dije al jovencito y a sus padres, no olviden oír el resto de la historia este sábado por la noche, en la Vigilia Pascual.

 

La lectura del pasaje de la Pasión nos cuenta la historia, no solo para hoy, sino para toda la Semana Santa; nos da las malas noticias del abandono, el rechazo, la crueldad de la gente alrededor de Jesús, y aún de sus propios seguidores. Pero con una seria y orante lectura de la Sagrada Escritura durante esta semana llegaremos a entender que ese fue el camino para llegar Jesús a su gloria. Su gloria y su pasión no pueden separarse.

En el Evangelio que proclamamos hoy y durante toda la semana oiremos malas noticias de odio, sin embargo el énfasis no está en aquellos que ejecutaron a Jesús; el énfasis está en la valentía, el perdón, la fidelidad y la dulzura del Buen Pastor que dio su vida por las ovejas.

Una vez una niña me preguntó al final de la liturgia del Viernes Santo, por qué habiendo tanta crueldad en vez de llamarlo “Viernes Malo”, lo llamamos Viernes Santo. Yo le contesté: “Lo que lo hace santo es el amor de Jesús”, no los protagonistas del mal”. Más que recordar su sufrimiento, celebramos su amor. Superficialmente puede ser visto como si hubiera sido dolor y sufrimiento lo que Jesús vino a buscar; es la victoria de Jesús lo que debemos recordar y celebrar; su triunfo del amor sobre el odio, del bien sobre el mal, del perdón sobre el rencor, de la luz sobre la oscuridad, del sepulcro vacío sobre la muerte.

Durante esta semana nosotros somos especialmente conscientes del sufrimiento de Jesús y se lo agradecemos. Pero en cierta forma su sufrimiento hubiera sido inútil si él no lo hubiera sobrellevado con gran amor. No es el sufrimiento solo lo que salvó al mundo sino el amor. Amar el sufrimiento por el sufrimiento es masoquismo. La ciencia y la tecnología se esfuerzan por hacer la vida más llevadera y calmar el dolor.

No obstante nosotros somos capaces de sufrir por alguien o por algo que amamos. El sufrimiento tiene sentido cuando amamos. No hay duda de que el amor trae dolor, pero también nos lleva a la felicidad. Jesús no nos salva con el dolor sino con el amor, aunque el amor incluya aflicción. El mandamiento de Dios es amar, no sufrir.

Ante las dudas del chico el Domingo de Ramos, nos damos cuenta que los humanos algunas veces somos alabados, pero otras veces somos rechazados. Pero no estamos solo en nuestro sufrimiento, Jesús está con nosotros y se solidariza con nosotros, dado que él sufrió toda clase de dolores: violencia, matoneo, terrorismo psicológico y físico, secuestro, prisión, degradación pública, tortura y aún la pena capital. La pasión de Cristo nos da fuerzas y esperanza en el sufrimiento; y esto significa que no estamos solos.

TRIDUO PASCUAL (A) Abril 13, 14 y 15, 2017

JUEVES SANTO: LA CENA DEL SEÑOR. Juan 13: 1-15

“El Señor Jesús en la noche en que fue entregado tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Lo mismo hizo con la copa después de cenar. Les dijo: esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre. Cada vez que beban de ella, háganlo en conmemoración mía”.

¿Se han imaginado ustedes alguna vez nuestra fe y nuestras celebraciones sin la Eucaristía? Lo cual significaría una fe y una reunión sin ni siquiera la Misa Dominical. Para nosotros la Eucaristía no es solamente el distintivo de nuestra celebración cristiana católica sino el centro de nuestra liturgia. No es necesario compararnos con otras denominaciones cristianas u otras creencias, pero las palabras del Evangelio y de la primera Carta de Pablo a los Corintios nunca tendrían el mismo sentido cuando nos dicen: “El Señor Jesús en la noche en que fue entregado tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Lo mismo hizo con la copa después de cenar. Les dijo: esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre. Cada vez que beban de ella, háganlo en conmemoración mía”.

Esta noche es el prólogo a la traición en el jardín con el beso de Judas, y con el dolor de la cruz, pero también de la tumba vacía. Esta noche los símbolos del amor de Jesús sobrepasan toda palabra: la Eucaristía, el sacerdocio, el mandamiento del amor.

Los israelitas celebran la libertad de Egipto, y la renovación de la alianza. Pablo nos enseña que la Pascua de Cristo es nuestra nueva alianza en su sangre. Al final de la última cena Jesús nos asegura su presencia eucarística, y por esto él instituye el sacerdocio cristiano; de esta forma no hay Eucaristía sin sacerdocio, ni sacerdocio sin Eucaristía. El sacerdote participa en el sacerdocio eterno de Cristo, respondiendo a su llamado de servicio del único sumo sacerdote y de su pueblo.

El Evangelio nos trae a la memoria el lavatorio de los pies de los apóstoles por Jesús, oficio que en su tiempo era hecho solo por un siervo. Este gesto le da el sentido a la vocación del servicio humilde de la Iglesia entera.

VIERNES SANTO: LA PASIÓN DEL SEÑOR

El antiquísimo nombre dado a este día, me recuerda la pregunta una vez hecha por una joven niña al finalizar la liturgia: “Después de tanto sufrimiento y crueldad soportados por Jesús, ¿por qué en vez de llamar este día, Viernes Malo, todavía lo llamamos, Viernes Santo?” Bien, lo que hace bueno y santo este día no es la acción de los malvados, sino el amor de Jesús.

Las lecturas de la Escritura se centran en los sufrimientos de Cristo. El cántico cuarto del Siervo, imagen de Cristo, describe el comportamiento del Siervo, despiadadamente tratado, que permanece en silencio. Pero su tormento sufrido en favor del pueblo, es la redención de sus pecados. La Carta a los Hebreos también agrega: “Aprendió sufriendo a obedecer. Y (…) se ha convertido para todos los que le obedecen en fuente de salvación eterna”.

En la historia de la Pasión escrita por Juan, aprendemos que en medio de sus sufrimientos, Jesús ofrece libremente su vida en obediencia al Padre, y él está en control; asertivamente le pregunta dos veces a sus enemigos: “¿A quién buscan?” Y cuando ellos responden: “A Jesús de Nazaret”, él les dice: “YO SOY”. En la última cena le ha dicho a Judas, su traidor, que lo que va a hacer lo haga pronto. Jesús contesta a las preguntas del sumo sacerdote y de Pilatos. Al soldado que lo abofetea, le dice: “Si he hablado mal, dime en qué, y si no, ¿por qué me pegas?” Al final de su vida entrega a su discípulo amado a su Madre María, figura de la Iglesia. Estando en control de su vida hasta el último momento y asegurando que todo se ha realizado, declara: “Todo está cumplido”, y entrega su vida en manos de su Padre Celestial.

SÁBADO SANTO

En una homilía muy antigua en la Liturgia de las Horas, para el Sábado Santo, encontramos una frase que puede dar significado a este día santo: “Hoy hay un gran silencio en toda la tierra, gran silencio y quietud”. Esto no significa que hoy sea un día vacío en el sentido de oración y lectura espiritual. Ciertamente no hay celebración de la Eucaristía, pero podemos, en lo posible, mantener este día de paz, un día de silencio, lectura y descanso, dado que todo se mueve hacia la celebración de la gran Vigilia Pascual, con la Liturgia de la Luz, la Liturgia de la Palabra, la Liturgia Bautismal, y la Liturgia de la Eucaristía.

El Sábado Santo es un día de silencio y reflexión, descanso en nuestra vida acelerada. Es un tiempo de expectativa de la noche de la gloria y el triunfo pascual de la Resurrección del Señor. “No tengan miedo. Sé que buscan a Jesús el crucificado. No está aquí, porque ha sido resucitado tal como lo había dicho”.

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