Tercer Domingo de Cuaresma (A)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

TERCER DOMINGO DE CUARESMA (A) Juan 4: 5-42 Marzo 19, 2017

“Señor, tú eres de verdad el Salvador del mundo; dame agua viva; así no tendré más sed”.

Nosotros los seres humanos somos siempre insatisfechos. Estamos constantemente ansiosos por algo. El niño desea ser un adolescente, el adolescente aspira a ser adulto, muchos adultos quieren ser niños de nuevo, algunos adultos mayores desearían poder regresar de nuevo a su juventud. Aún en forma de broma se expresa este deseo. Esto significa que nosotros siempre estamos sedientos. No importa lo que seamos y hagamos, parece que hay una especie de desasosiego pernicioso que aflige a nuestra sociedad. Algunas veces ciertas compañías no aceptan nuevos empleados jóvenes porque son personas con poca experiencia, pero en otras ocasiones un candidato con mucha experiencia es rechazado porque está demasiado capacitado o es muy viejo. Recuerdo haber leído un clasificado en una diócesis solicitando un director de pastoral juvenil que tuviera por lo menos diez años de experiencia, pero que no fuera mayor de veinte años de edad.

 

Los ejemplos que tenemos en las lecturas de la Escritura hoy, suspirando por satisfacer su sed son: los israelitas en el desierto cuando se quejaron contra Moisés diciendo: “¿Por qué nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?” La mujer Samaritana también ansiando el agua para satisfacer su sed, primero para una satisfacción física, luego ella buscaría una satisfacción espiritual que solo Jesús puede colmarla. Ella suplica: “Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”.

El salmo responsorial 95 nos recuerda la ira del pueblo en el desierto contra Moisés y contra Dios, diciendo: “No endurezcan el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras”, enfatizando los nombres de esos dos lugares, que significan “pelea” y “prueba”, cuando el pueblo se había olvidado de agradecer a Dios por la libertad de Egipto, y por estar añorando volver al lugar de la esclavitud, símbolo del pecado.

En el Evangelio, cuando la Samaritana ha sido confirmada en su fe, ella se dirige con rapidez hacia el pueblo y deja el cántaro de agua, símbolo probablemente de su antigua fe. En este momento la mujer se convierte en misionera y va e invita a la gente a ir donde Jesús. Con esta acción Jesús nos enseña que los misioneros no son una élite, sino que cada cristiano es llamado a llevar la fe a su situación de cada día.

La sed por el agua viva es muy significativa en nuestras lecturas de este Tercer Domingo de Cuaresma. Esas lecturas nos recuerdan como Iglesia el bautismo que la mayoría de nosotros recibimos aún siendo infantes, o el bautismo que los catecúmenos recibirán en la Vigilia Pascual. Los nuevos bautizados serán un fuerte testimonio de una humanidad sedienta suspirando por la fuente de agua viva que es Jesús.

El sacramento del Bautismo está en el centro de la cuaresma. Los textos de la Escritura de hoy claramente lo resaltan: Dios ordena a Moisés: “Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”. Jesús, en su don del Espíritu, le dice a la Samaritana, refiriéndose al bautismo: “El agua que yo daré se convertirá dentro de la persona en un manantial capaz de dar la vida eterna”. Pablo nos dice que esta agua bautismal “ha sido derramada en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que se nos ha dado”.

Gracias a nuestros recursos naturales la mayoría de nosotros nunca hemos estado sedientos por un largo tiempo, en lugares como en el desierto; así que es difícil imaginarnos qué significa la carencia de agua para aquellos que no la tienen, o que por lo menos no tienen la suficiente para tomar. Pero en términos de sed espiritual, siempre estamos sedientos. En la Vigilia y en el Domingo Pascual, en frente del cirio pascual que ha sido sumergido en la fuente bautismal, daremos la bienvenida a los nuevos cristianos bautizados, y juntos renovaremos nuestros compromisos bautismales, que no son simplemente la aceptación de algunas verdades, por importantes que estas puedan ser. El compromiso nuestro es con una persona, Cristo, nuestro Salvador.

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