Vigésimo Octavo Domingo Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

VIGESIMOCTAVO DOMINGO T.O. (B) Marcos 10: 17-30

Octubre 14, 2018

“Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”.

Heinrich Böll, un alemán Premio Nobel de Literatura de 1972, escribió un cuento sobre un pescador que estaba tirado sobre una hermosa playa en el Mediterráneo, después de haber hecho una gran pesca. Su vara de pescar estaba clavada en la blanca arena y el anzuelo caía en las azules y relucientes olas. Estaba disfrutando de una tarde de calor y sol a la espera de que de pronto cayera algún pez. En ese momento apareció un turista hombre de negocios caminando sobre la playa tratando de relajarse después de un día estresante. Notó que el pescador estaba acostado en la playa y con curiosidad decidió averiguar por qué este pescador dormía en vez de estar trabajando duro para conseguir el sustento para él y para su familia. “En esa forma no vas a agarrar muchos pescados”, le dijo el turista al pescador, “¡debes estar trabajando en vez de estar acostado en la playa!”


El pescador pacientemente miró al turista, sonrió y contestó: “¿Y cuál será mi recompensa”?

“¡Bueno, puedes conseguir redes más grandes y atrapar más pescados!” fue la respuesta del turista.

“¿Y cuál será mi recompensa”? Preguntó el pescador, sonriendo aun.

El turista contestó: “¡Ganarás mucho dinero y serás capaz de comprar un bote, y pescar muchísimo más!”

“¿Y cuál será mi recompensa”? Preguntó de nuevo el pescador.

El turista comenzó a sentirse molesto con las mismas preguntas del pescador. Le dijo: “Puedes comprar un barco más grande y contratar algunas personas para que trabajen para ti”.

El pescador repitió la misma pregunta: “¿Y cuál será mi recompensa”?

El turista se puso enojado, “¿No entiendes? ¡Puedes construirte una flotilla de barcos pesqueros, navegar por todo el mundo y hacer que todos sus pescadores pesquen para ti!”

De nuevo el pescador preguntó: “¿Y cuál será mi recompensa”?

El turista lleno de furia gritó: “¡Es que no entiendes que tú puedes enriquecerte y ya no tendrás nunca que volver a trabajar para sobrevivir! ¡Puedes pasar el resto de tu vida sentado en esta playa, mirando el anochecer!¡Ya no tienes de qué preocuparte!

El pescador, aun sonriendo, lo miró y dijo: “¿Y qué es lo que crees que estoy haciendo ahora?”

Hoy en el Evangelio un joven rico, que deseaba poseer la vida eterna, es llamado a dejarlo todo para seguir al Señor. Él es un hombre bueno. No hay duda que había tratado de servir a Dios. Él es la única persona a quien Jesús llegó a invitar a dejar todas sus posesiones. Desafortunadamente el hombre rechazó la oportunidad de su vida de ser un discípulo. No pudo dejar sus riquezas para seguir al Señor. Tenía muchas posesiones.

Jesús invitó al joven a seguirlo; pero para poder hacer esto, el rico tenía que renunciar a todos sus bienes y darlos a los pobres. Era “demasiado para él”, porque “era muy rico” El rico hizo una decisión pobre. El problema principal no era probablemente sus riquezas, sino su apego a ellas. Sus pertenencias eran una gran brecha entre él y su deseo de seguir a Jesús.

Cuando Jesús afirma que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico salvarse, él no está rechazando a nadie, él está usando una metáfora fuerte para resaltar la dificultad de servir a Dios mientras se esté apegado a sus posesiones.

Muchas personas en el mundo piensan que la felicidad depende de los bienes materiales, como tener una inmensa renta y cuenta bancaria, una gran casa lujosa, un carro último modelo, la finca de los sueños, lo último en equipos electrónicos, y mucho más. Estas cosas son para ellos prioridades sobre muchos valores culturales y espirituales. Los bienes materiales tienden a enceguecer a una persona hacia los últimos valores de la vida, como en el caso del etnólogo de la anterior historia.

San Francisco y Santa Clara, ambos de Asís, una vez oyeron la invitación de Jesús: “Ven y sígueme”; dejaron todas sus riquezas y siguieron a Jesús literalmente. Algunas personas en la Iglesia han recibido la misma invitación; muchos de ustedes no pueden seguir esta invitación literalmente, pero la propiedad material no puede ser un obstáculo de apegarlos a ustedes en tal forma que les impida ser discípulos del Señor y buenos miembros de la Iglesia.

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