Vigésimo Séptimo Domingo Tiempo Ordinario (B)

VIGESIMOSEPTIMO DOMINGO T.O. (B) Marcos 10: 2-16

Octubre 07, 2018

“Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”.

Uno de los momentos que yo realmente disfruto y agradezco en mi ministerio es cuando tengo la oportunidad de ser invitado y celebrar con una pareja sus bodas de plata o de oro matrimoniales. Yo sentí mucha gratitud cuando pude celebrar el aniversario 60º del matrimonio de mis padres, menos de seis meses antes del fallecimiento de ambos. Estos son momentos de suma importancia en el amor cristiano, porque no es solo asunto de hablar acerca del amor matrimonial, sino dar un testimonio de amor matrimonial.


Las lecturas de este domingo nos ayudan a reflexionar en la santidad del sacramento del matrimonio. Más que darles solo un aporte teológico acerca de este sacramento, quisiera invitar a los casados a vivir la sacralidad de su compromiso de vida en amor y fidelidad.

En el libro del Génesis leemos dos relatos de la creación. El primero se encuentra en el capítulo primero. Nuestra lectura de hoy es la segunda narrativa en el capítulo segundo. En forma poética y casi infantil, Dios sopla el aliento de vida en la nariz del hombre y lo convierte en un ser humano. Luego tomando una de sus costillas en lugar de arcilla, Dios crea a la mujer, alguien con quien el hombre se puede relacionar, y entonces éste exclama con emoción: “Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne”.

Hay muchas metáforas en la Biblia para comparar el amor de Dios con nosotros la humanidad, como la del pastor y el redil, pero pienso que la más cercana y más tierna es la comparación del matrimonio. Encontramos en la primera lectura del libro del Génesis: “Dijo el Señor: ´No es bueno que el hombre esté solo. Le daré una adecuada compañía”. Así que el matrimonio es idea y creación de Dios. Él quiso que el amor matrimonial reflejara su amor por su pueblo, un amor eterno y fiel. El amor de Dios nunca engaña. Una de las cosas que nos hace a los humanos más semejantes a Dios es el matrimonio. Es por lo que el matrimonio no es tan fácil. Procrear a los hijos es parecerse a Dios quien nos ha creado a nosotros. Y ser padres no es tampoco fácil.

Nosotros sabemos que cuando Dios creó la primera pareja humana, su intención fue que ellos fueran felices y que su amor durara por toda la vida, pero en su sabiduría él sabía que esto no sería así en todos los casos, aunque esto no estaba en los planes de Dios. Dios sabía que cuando una pareja tuviera problemas, ellos deberían tratar de resolverlos. Y de acuerdo a la flexibilidad de Moisés, la última alternativa que ellos pudieran pensar sería el divorcio. En nuestra sociedad contemporánea muchas veces la separación es la primera alternativa cuando se tiene un problema.

Hoy tenemos un Evangelio difícil. Jesús afirma que el matrimonio es una alianza permanente de por vida. Él declara: “Quien se divorcie de su esposa y se case con otra, comete adulterio contra ella”. Estas palabras desalentaron a los que escucharon a Jesús, lo mismo que desaniman a la gente hoy. No debe sorprendernos esto. Durante estas pasadas semanas hemos estado escuchando en el Evangelio cómo los discípulos han malinterpretado a Jesús. Cuando él les anuncia su propio sufrimiento, su muerte y su resurrección, entonces les dice que deben tomar su propia cruz y seguirlo. Cuando Pedro trata de disuadirlo Jesús le dice: “Apártate de mí, Satanás”. Cuando los apóstoles comienzan a discutir quién es el más importante entre ellos, Jesús toma un niño y lo coloca enfrente de ellos y les dice que ellos deben convertirse en humildes como los niños pequeños.

Hoy la enseñanza sobre el carácter indisoluble del matrimonio es una alegría para los que viven su vida matrimonial con generosidad, pero es doloroso para aquellos que no pudieron vivir más su compromiso. Sin embargo la Iglesia los acoge a ambos. La Iglesia sufre con los que han encontrado imposible vivir su matrimonio y anima a los casados a vivir un compromiso duradero y fiel.

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