Vigésimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

VIGÉSIMOCUARTO DOMINGO T.O. (B) Marcos 8: 27-35

Septiembre 16, 2018

“Si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz y sígame”.

A algunas personas les gusta tomarse riesgos peligrosos. Muchas de ellas son exageradamente confiadas, y pocos piensan que se están arriesgando demasiado. Un buen ejemplo de esto son los deportes extremos, también llamados deportes de acción, o aventuras deportivas, actividades percibidas como de alto nivel de peligro intrínseco. Estas actividades normalmente incluyen velocidad, altura, un alto nivel de acción física, energía y liberación de adrenalina. Algunos ejemplos son: surfing, esquí, patinaje en la nieve, windsurfing, hang gliding y bungee jumping. Los deportistas practican estas aventuras por el placer del riesgo o simplemente para vencer la ansiedad. Muchas veces la gente pone en riesgo su vida, y no pocas veces ha habido accidentes fatales.


Jesús era consciente de que él iba a morir en la cruz; esto estaba en el plan divino del Padre para nuestra salvación. Él no arriesgó su vida por el placer de disfrutar de una aventura. Su vida estuvo en peligro desde su nacimiento hasta el monte Calvario. Sin embargo él tuvo tanta confianza en Dios su Padre, como oímos en la profecía de Isaías en la primera lectura: “Por eso me mantengo firme como roca, estoy seguro que él nunca me defraudará (…) El Señor es quien me ayuda, ¿Quién podrá condenarme?”

Ustedes probablemente recuerdan que cuando niños escuchamos la Pasión de Cristo por primera vez. Nos dio miedo cuando supimos que Jesús también nos retaba a nosotros: “Si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz y sígame”. Ahora comprendemos que tomar la cruz de Jesús no significa la cruz literalmente. Esta metáfora se vuelve evidente en el itinerario de nuestras vidas cuando experimentamos dolor y tristeza a causa de la deslealtad, la infidelidad, las enfermedades graves, la falta de recursos para cubrir las necesidades básicas personales y familiares, una experiencia de adición personal o de algún miembro familiar. La cruz para las familias puede significar una pérdida física o moral de algún miembro, o el divorcio de los padres.

El escenario del Evangelio de Marcos hoy sucede en el noroeste de Palestina. Jesús y sus discípulos están en camino hacia las ciudades de Cesarea de Filipo. Pedro a nombre de sus compañeros apóstoles contesta a la pregunta de Jesús, “Tú eres el Mesías”. Ésta es quizás la respuesta más importante que jamás se haya dado en un asunto de fe. Las otras identidades como Juan el Bautista, Elías, o alguno de los profetas, se quedan cortas con respecto al objetivo, que es Jesús como el Mesías.

La lectura de hoy del Tercer Poema del Siervo es una escena dolorosa. Este Siervo Pobre representa al Mesías profetizado por Isaías. Su humillación física y psicológica no le iba a hacer a él cambiar el plan del Padre sobre su Hijo. Esta vez Pedro no está actuando a nombre del grupo; él no habla en frente del grupo sino que “lo llamó aparte y empezó a regañarlo”. Solo Satanás trataría de interferir en la misión de Dios; por eso Jesús llama a Pedro “Satanás”. Pedro no ve cómo Jesús pueda sufrir y morir.

Jesús nos enseña a Pedro y a nosotros que no podemos posponer los valores del reino que son más importantes que los valores del mundo. Cuando Jesús dice que “Si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz y sígame”, quiere decirnos que seguirlo a él es mucho más que simplemente ser miembro de la Iglesia y cumplir algunas reglas. Nos está llamando a tomar nuestra fe con seriedad, nos llama a colocarlo a él por encima de todas las cosas del mundo, y por eso añade: “El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que la pierda por mí y por el Evangelio, la salvará”

Para nosotros, los discípulos de Jesús, no es suficiente llamar a Jesús Mesías, sino establecer una relación personal de fe. No olvidemos que la cruz de Cristo no es una catástrofe, ni simplemente una aventura; ya que, para nosotros seguidores del Señor, la cruz no es el final, el Calvario no es el clímax; la cruz llevada con fe y con amor, es el puente de participación en la gloria de Jesús.

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