Vigésimotercer Domingo del Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

VIGÉSIMOTERCER DOMINGO T.O. (B) Marcos 7: 31-37

Septiembre 09, 2015

“¡Todo lo ha hecho bien! ¡Hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos!”.

A través de nuestros cinco sentidos nosotros nos ponemos en contacto con el mundo a nuestro alrededor. Tradicionalmente reconocemos cinco métodos de percepción: audición, vista, tacto, olfato y gusto. Pero estas son solo maneras de estar comunicado con la existencia física. El hombre en el Evangelio de hoy era sordo y tenía un impedimento al hablar. Cuando un grupo de personas solidarias y compasivas lo llevó donde Jesús, “Él lo apartó de la gente. A solas con él, le metió los dedos en los oídos, y con el dedo untado en saliva le tocó la lengua; y mirando al cielo suspiró y le dijo: ´Effathá´ (que quiere decir: Ábrete). E inmediatamente se le abrieron los oídos y se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad”.


Como en todos los milagros de Jesús, en éste necesitamos leer el mensaje más allá de la capacidad física de escucha. Lo que Jesús le da a este hombre es el poder de oír su palabra, la Palabra de Dios: ´Effathá´ y lo libera del impedimento verbal, para que pueda alabar a Dios. Hoy, gracias a Dios, nosotros podemos escuchar su Palabra en las Sagradas Escrituras y podemos también adorarlo a él con la oración y el canto. Seguro que el hombre a quien se le devolvió la facultad de oír y hablar se unió a la multitud para alabar a Jesús: “¡Todo lo ha hecho bien! ¡Hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos!”

En nuestra primera lectura hoy oímos un hermoso poema de Isaías prediciendo la sanación de enfermedades humanas como una futura liberación realizada por el Mesías: “¡Valor! ¡No tengan miedo! Ya llega su Dios (…) Viene para salvarlos (…) Entonces los ciegos recobrarán la vista, los oídos del sordo se abrirán, los cojos tendrán agilidad de venados, los mudos cantarán”. Hoy escuchamos que Jesús cumple la profecía de Isaías al curar al sordo, como signo de la llegada de los tiempos mesiánicos. El contexto histórico es el regreso del pueblo de Dios del exilio.

Marcos es breve en su narrativa sin embargo él describe a Jesús físicamente muy comprometido en la curación del sordo: le impone su mano, mete su dedo dentro del los oídos del hombre, le unta saliva, suspira y articula la expresión original en Arameo ´Effathá´. De nuevo oímos en Marcos a Jesús exigiendo su “Secreto Mesiánico”. Jesús no quiere ser un curandero ni milagrero popular. Jesús es el Salvador y él quiere nuestra sanación holística, sanación corporal, mental y espiritual. Probablemente algunos de nosotros estemos físicamente enfermos, o tengamos una enfermedad terminal, o una deficiencia psicológica, o una adición o relación enfermiza. Y aquí estamos buscando sanación. La sanación es recíproca. Si queremos ser sanados por Dios, necesitamos también ser instrumentos de sanación para otros.

En el Evangelio escuchamos que hay muchos que oyen pero no entienden, y Jesús mismo dice: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. La misión de Jesús como Mesías es curar toda clase de enfermedades. Él cura a un hombre sordo, pero la sordera es algo más que físico, es espiritual y moral; es estar cerrado a Dios y a los demás, especialmente al conyugue, a los hijos, a los padres, a la comunidad. La sordera muchas veces es indiferencia.

Cristo Resucitado continúa sanando al mundo a través de la acción de la Iglesia, y no solamente predicando el Evangelio y perdonando el pecado, sino curando a los enfermos, cuidando a los pobres, a los ancianos y a los indigentes; luchando contra toda forma de injusticia y opresión, anunciando la liberación a todos los niveles y defendiendo los derechos humanos del mundo. Todos los cristianos bautizados están llamados a esta misión, y no solo los ministros ordenados. Oremos hoy por el “Effetá”, Ábrete, de Jesús, para que él pueda abrir nuestros oídos y nuestros labios a su acción y pidámosle que nos ayude a ser instrumentos de sanación para los que nos rodean.

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