Vigésimoprimer Domingo del Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

VIGÉSIMOPRIMER DOMINGO T.O. (B) Juan 6: 60-69

Agosto 26, 2018

“Señor, ¿A quién vamos a ir? ¡Tú tienes palabras de vida eterna!”.

De día en día nosotros tomamos decisiones en nuestra vida. Muchas de esas no son resoluciones tan relevantes, como por ejemplo, los lugares donde vamos, la gente con quien hablamos, lo que comemos. De hecho estas opciones las podemos cambiar fácilmente sin que afecten nuestra vida. Pero hay algunas decisiones importantes, que cuando hacemos un compromiso fuerte, llegan a ser permanentes. Ejemplos de esto los encontramos en nuestras lecturas de la Escritura hoy.

En las lecturas bíblicas que escuchamos hoy hay tres decisiones muy importantes: En su libro, Josué, el sucesor de Moisés, en frente a todas las tribus de Israel “Convocó a los ancianos del pueblo, a los jefes de familia, jueces y oficiales que se presentaron ante Dios; y le habló así a todo el pueblo: ´Si les parece demasiado duro servir al Señor, escojan hoy a quién servir, a los dioses a quienes sirvieron sus padres (…) De todos modos, mi familia y yo serviremos al Señor”.


En su Carta a los Efesios citando el Evangelio, acerca del amor y unidad en el matrimonio, San Pablo dice: “Por eso el esposo deja a su padre y a su madre y se une a su esposa, y los dos llegan a ser una sola carne”. Y el matrimonio es un compromiso serio para toda la vida. En ambos, Antiguo y Nuevo Testamentos, el matrimonio es símbolo de compromiso entre Dios y su pueblo.

En el Evangelio de Juan, cuando algunos de los discípulos de Jesús ya no quieren seguirlo, Jesús lanza un reto al sentido de fidelidad de los apóstoles para tomar la decisión de seguirlo: “Entonces les dijo Jesús a los doce: ´¿También ustedes quieren irse?´ Simón Pedro le contestó: ´Señor, ¿a quién vamos a ir? ¡Tú tienes palabras de vida eterna!” Aunque Pedro va a fallarle antes de la Pasión de Jesús, el sermón del Pan de Vida es tan claro para él, que en nombre de los doce hace su compromiso de estar unido al Maestro, y por lo tanto en esta forma nos ayuda en nuestra profesión de fe personal, en situaciones de duda que pueden confrontarnos con la Eucaristía, antes de una decisión importante, frente a dificultades y pruebas, nuestra oración es: “Señor, ¿a quién vamos a ir? ¡Tú tienes palabras de vida eterna!”

Cuando los discípulos oían las enseñanzas de Jesús y lo veían sanando a muchos enfermos, ellos realmente disfrutaban estando en su compañía. Pero la exigencia de Jesús hoy no es tan fácil; él exige una decisión de sí o no, su absoluta confianza y fe en él, aún si para un nivel solamente natural de entendimiento comer su carne y beber su sangre puede sonar como ilógico, a propósito para algunos de los discípulos esto era demasiado duro de aceptar, tan es así que algunos lo abandonaron. Eso estaba más allá de la capacidad de entendimiento humano. Por eso es que Jesús requiere una respuesta de fe, y ellos reciben un don que supera sus expectativas: su presencia amorosa por siempre.

La fe en Jesús es un don que sobrepasa las expectativas y comprensión humanas. La Eucaristía y todo el Evangelio requieren nuestro compromiso de fe. Y la fe no es solo aceptar la formula de una declaración de verdades sino una alianza personal con Dios. Como el acompañamiento y el amor, la fe es mutuo compartir y darse a sí mismo.

Una de las verdades fundamentales en Jesús está basada en nuestra recepción con fe de su Eucaristía como el lazo de unión más fuerte con el Sacramento de Fe de Cristo. Si nosotros creemos en Jesús lo aceptamos a él como el Pan de Vida, y recibimos la Eucaristía como el memorial de su muerte y resurrección y nuestro promesa de vida eterna.

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