Decimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

DECIMOSÉPTIMO DOMINGO T.O. (B) Jn 6: 1-15 - Jul 29, 2018

“Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados, lo mismo hizo con los peces, tanto como ellos quisieron”.

El otro día, caminando por la calle, vi a un indigente hambriento y ciego que gritaba: “Por favor, Dios mío, dame algo para comer”. Una joven que lo oyó, al pasar le puso un pan en su mano. El hombre dijo: “Gracias, Dios mío”. Cuando nos dice Juan en su Evangelio que unos 5,000 hombres venían buscando a Jesús, él no quiere decirnos que eran solamente hombres los que escuchaban la enseñanza de Jesús aquel día, pues sabemos que también había mujeres con sus niños, de manera que deberían ser juntos más de 15,000 personas aquel día. La gente exhausta necesitaba no solo alimento espiritual y descanso, sino también algo para comer. Un muchacho está dispuesto a compartir su propio almuerzo con los demás: cinco panes de cebada y dos pescados. Pero como en el caso de la joven generosa, es tanto Jesús como el joven quienes les dan de comer a la gente pan y pescado.


Hoy comenzamos a leer el capítulo sexto del Evangelio de Juan, el discurso del Pan de Vida. Es un capítulo tan largo de setenta y un versículos, que lo seguiremos leyendo durante cuatro domingos más. Hoy tenemos en nuestra lectura los quince primeros versículos referentes al alimento dado a la multitud, que normalmente llamamos el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. Pero más allá de una maravilla física, hay un milagro más profundo, Jesús comparte con nosotros lo que él es; nos da el regalo de su vida.

Después de haber hecho Jesús muchos milagros, “Mucha gente lo seguía porque habían presenciado las maravillas que hacía en favor de los enfermos”. Así que subió a una montaña con sus discípulos. Cuando Jesús vio a la multitud les preguntó a ellos: ”¿Dónde vamos a comprar suficiente comida para que todos ellos coman?” Felipe le contestó que él no sabía. Otro discípulo, por nombre Andrés, le dijo a Jesús: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. ¿Pero qué es esto para tanta gente?” Jesús ordenó que la gente se organizara. Entonces tomó el pan, dio gracias, y se lo dio a la gente, lo mismo hizo con el pescado y comieron cuanto quisieron. Después de la comida, los discípulos recogieron doce canastos con las sobras de los cinco panes de cebada. Pero como la gente quería llevárselo y proclamarlo rey, se retiró otra vez, él solo a la montaña.

¿Qué lección práctica nos enseña el Evangelio hoy? La compasión de Jesús lo mueve a alimentar a la multitud hambrienta, pero Jesús necesita ayuda humana; él quiere que la gente se involucre también. Hay un chico que ofrece compartir su propio alimento. Este joven se convierte en protagonista de la historia; provee con cinco panes de cebada y dos pescados. Nosotros, también como el muchacho, tenemos algo que ofrecerle al Señor; así Jesús puede ayudar al necesitado con nuestro apoyo, porque el hambre no se deja esperar.

Yo soy consciente cuando presido la Eucaristía y celebro con ustedes, de que este es un gran misterio y a pesar de mi debilidad humana me atrevo a celebrarla porque no es mi propio pan el que he sido llamado a compartir con ustedes, sino el pan del Señor que él me entrega para que ustedes lo coman.

De igual manera, cuando ustedes se cuestionan si son lo suficientemente buenos para orientar y enseñar a su familia de acuerdo al Evangelio, ustedes se pueden sentir indignos, pero no se desanimen, el pan con que alimentan su familia es el pan del Señor fortalecido con los sacramentos que han recibido, especialmente el sacramento del matrimonio, y por supuesto, su oración y buen ejemplo. Antes del milagro, cinco panes y dos pescados parecían muy poco para alimentar a tantos, pero después de todo hubo suficiente comida para cada uno. Lo mismo pasa en el hogar y en la Iglesia, cuando el pan viene del Señor, hay suficiente comida espiritual para toda la familia.

Aun hoy, cinco panes y dos pescados pueden parecer muy poco ante nuestros ojos, pero el Señor puede nutrir a miles. Recibiendo la Eucaristía en la Misa y proclamando la Palabra de Dios puede darnos suficiente fortaleza para alimentar nuestras vidas y nuestras familias durante la semana. Continuemos nutriéndonos en el hogar durante la semana, en acciones como orando juntos antes de las comidas y antes del descanso nocturno. Podría parecernos como muy poco, pero nos da suficiente poder espiritual.

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