Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

DECIMOSEXTO DOMINGO T.O. (B) Mar 6: 30-34 - Jul 22, 2018

“Jesús al ver toda esa multitud, sintió compasión por ellos, porque andaban como ovejas sin pastor”.

Una vez llegué yo por primera vez a una ciudad y quería visitar a unos amigos sacerdotes, pero no sabía cómo llegar al lugar. No podía encontrar a alguien que me indicara el camino, solamente vi a un hombre que estaba arreglando su carro enfrente de su casa, así que le pregunté cómo llegar a la Iglesia de San Francisco. Aunque él estaba muy ocupado, me atendió inmediatamente y se fue conmigo hasta la puerta de la iglesia.

Todo el que ha estado trabajando juiciosamente merece un descanso, su tiempo de vacaciones para relajarse y recobrar nuevas fuerzas. Jesús es muy humano y comprensivo; él ha enviado a sus doce apóstoles a predicar arrepentimiento. Cuando ellos regresan de su misión, tanto Jesús como ellos debieron estar exhaustos después de esa experiencia. Aún Jesús acostumbraba a tomarse unos días libres, no solo de vacaciones, sino de tranquila oración.


Cuando leemos el Evangelio de Marcos nos damos cuenta de la presión que circulaba alrededor de Jesús en su ministerio. El Evangelio de hoy es una buena fotografía de esta situación. Después de su primer viaje misionero los discípulos son invitados por Jesús a evaluar los logros obtenidos y a darse un descanso. “Pero eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer”.

Marcos nos dice: “Se reunieron con Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces les dijo: ´Vengan ahora ustedes a un lugar solitario y despoblado y descansen un poco´”. Con esto en mente se fueron con Jesús en un bote a un lugar solitario. Continúa el Evangelio: “Pero muchos los vieron irse y se dieron cuenta, y a pie se fueron corriendo de todos los pueblos y llegaron allá antes que ellos. Al desembarcar Jesús y ver toda esa multitud, sintió compasión de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; entonces empezó a darles muchas enseñanzas”.

En tiempo de Jeremías y de la mayoría de los profetas, los jefes religiosos de Israel eran corruptos y negligentes. Mirando hacia el futuro, el profeta habla de un tiempo mesiánico de restauración, cuando los descuidados pastores habían privado de orientación al pueblo y lo habían maltratado y anuncia a un rey pastor sensible: “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas (…) Les pondré pastores que las cuiden, para que no teman ni se espanten”. Jeremías llama a este rey:”El Señor, nuestra justicia”

En Jesús se cumple la profecía de Jeremías. Él detiene su plan de irse a un lugar desierto y descansar; comienza de inmediato a enseñar y a tener cuidado de su redil. Nosotros podemos estar dispuestos a servir a otras personas, pero bajo ciertas condiciones, normalmente que se ajusten a nuestras propias conveniencias, pues pensamos que ellos deben respetar nuestra agenda. Hoy Jesús nos da una lección de pastoral al hacer a un lado sus propios planes por las necesidades de los demás. Mientras que a nosotros no nos gusta que nos tomen fuera de base durante nuestra vida ocupada, las necesidades de la gente que va y viene como ovejas sin pastor exige de nosotros ser como Cristo, flexibles y dispuestos para con ellos.

Nuestra Iglesia, nuestra familia y nuestra sociedad necesitan buenos líderes y pastores. San Pablo nos enseña en su Carta a los Efesios que un líder debe unir en el amor, así como Jesús quien “Rompió el muro de la división y la enemistad (…) e hizo las paces para crear en sí mismo, de unos y otros, un hombre nuevo y único. Y unidos en un solo cuerpo nos reconcilió con Dios”.

Nuestro Salmo Responsorial, Salmo 23, el salmo más popular, hace eco de la primera lectura y el Evangelio de hoy y nos habla del pastor prometido por el mismo Dios. El Señor es mi pastor. Dios quiere dirigir nuestras vidas. Jesús siente compasión por su pueblo, en el Evangelio de hoy, porque ellos no tienen quien los pastoree. Él también se compadece de nosotros. Necesitamos un pastor que nos guie, y esa guía es el Señor nuestro pastor. Él nos guía con su cayado, Así nos sentimos confortados porque pase lo que pase, el Señor está con nosotros. Él nos cuida. El Salmo 23 concluye con la gran promesa: Vive unido al Señor y experimentarás su bondad en esta vida y con él en la vida eterna. Ciertamente viviremos en la casa del Señor por siempre.

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