Decimoquinto Domingo del Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

DECIMOQUINTO DOMINGO T.O. (B) Marcos 6: 7-13

Julio 15, 2018

“Jesús llamó a los doce y empezó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malignos”.

Antes de realizar algo, no interesa qué tan importante o sencillo sea el asunto, la persona diseña un plan para asegurarse de que su trabajo va a tener el mejor de los éxitos posibles. Digamos por ejemplo, un maestro o un estudiante que prepara su lección, un abogado que investiga el caso de su defendido, un entrenador que crea las estrategias del juego. Cuando el presidente va a otro país para reunirse con su contraparte, primero envía a su canciller y embajador para que preparen con anterioridad la agenda de negocios que se va a tratar. Pero también la persona nombra un comité de seguimiento para continuar la tarea.

Jesús envió a sus doce apóstoles de viaje para que le prepararan el camino y para que continuaran anunciando las Buenas Noticias: “Jesús llamó a los doce y empezó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malignos. Les encargó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón; que no llevaran pan, provisiones, ni dinero (…) Los discípulos se fueron, y con su predicación llamaron a todos a volver a Dios; expulsaban muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”.


En la primera lectura de hoy oímos que el profeta Amós, un hombre normal y común y corriente, encontró mucha oposición en su misión. El sacerdote Amasías le impidió que siguiera confrontando a la gente y le mandó que se regresara a Judá: “Vete vidente, escapa al territorio de Judá; gánate allá la vida con tus profecías, pero en Betel no vuelvas a profetizar, que es templo real y santuario nacional”. Jesús advirtió también a sus discípulos que tendrían oposición: “Cuando se hospeden en una casa, quédense allí hasta que se vayan de aquel lugar. Y si en algún lugar no los reciben ni quieren escuchar, al salir, sacudan de sus pies hasta el polvo que se les haya pegado: será una acusación contra esa gente”

En su Carta a los Efesios San Pablo nos muestra el plan que Dios tenía para nosotros: “El Padre nos ha dado también a conocer el misterio de su voluntad, el plan que había decidido realizar por Cristo, para llevar a término la sucesión de los tiempos: hacer que todas las cosas tuvieran a Cristo por cabeza en el cielo y en la tierra”. Cristo es cabeza de la Iglesia, nosotros miembros de su cuerpo debemos continuar trabajando en su plan de salvación.

Cuando nosotros somos enviados a proclamar el Reino de Dios, sabemos que algunos nos escucharán y otros nos rechazarán, pero el mensaje necesita ser proclamado al mayor número posible de personas. Algunas personas me han dicho, especialmente mamás, que sus hijos adultos no les hacen caso. Yo les respondo que no se den por vencidas; que no los obliguen, pero que tampoco dejen de orar por ellos y sean pacientes. Dios hace el resto. La alegría de vivir el Evangelio es contagiosa. Así que prediquemos el Evangelio con nuestra vida.

En el Evangelio escuchamos que Jesús predica el arrepentimiento, arroja los espíritus impuros, y cura a muchas personas de sus enfermedades. Así como los discípulos de Jesús comparten su Espíritu y son amados por el Padre, también comparten el mismo poder de Cristo de predicar arrepentimiento, expulsar demonios y sanar a los enfermos. Jesús envía a sus discípulos y les encomienda llevar a cabo su misión, aunque no estén muy bien preparados. Esto nos hace conscientes de nuestras falencias, pero también nos recuerda nuestra dignidad de profetas y apóstoles. Jesús no solo depende de los Doce, sino de cada uno de nosotros para establecer su Reino en la tierra.

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