Decimocuarto Domingo del Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

DECIMOCUARTO DOMINGO T.O. (B) Marcos 6: 1-6 -Julio 08, 2018

¿De dónde habrá sacado este hombre todo eso? ¿Quién le habrá dado tanta sabiduría y semejante poder como tiene en las manos?”.

Recuerdo cuando el Cardenal Karol Józef Wojtyła llegó al pontificado en 1978, los polacos en todo el mundo se alegraron muchísimo de tener a un compatriota por primera vez como el papa de la Iglesia Católica. Lo mismo pasó con los argentinos cuando el Cardenal Jorge Mario Bergoglio fe elegido papa en 2013.  La gente se enorgullece de que alguien de su región sobresalga por sus talentos como científico, artista o deportista. Pero esto no pasó con Jesús. El Evangelio nos cuenta qué pasó con los habitantes de Nazaret. De acuerdo a ellos Jesús era una persona ordinaria de quien ellos conocían muy bien su ocupación, sus padres y familiares; y ellos decían: “¿De dónde habrá sacado este hombre todo eso? ¿Quién le habrá dado tanta sabiduría y semejante poder como tiene en las manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? Y no podían creer en Jesús. Jesús, entonces, les dijo: ´Solo en su tierra, entre sus parientes y en su propia casa se queda sin honores un profeta´. Y no pudo mostrar allí su poder, fuera de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y le extrañaba la falta de fe de aquella gente”.


Un profeta como Jesús se puede convertir en un reto, y aun en una amenaza para la gente, porque un profeta es alguien que habla en nombre de Dios, y a través de él Dios nos enseña, y nos llama a la conversión de nuestra manera errada de actuar. Esto les había pasado a los profetas en el Antiguo Testamento, como Ezequiel a través del cual nos dice Dios hoy en la primera lectura: “Te envío a los israelitas, pueblo desobediente que se ha rebelado contra mí (…) No menos tercos y de cabeza dura son tus hijos a quienes te envío (…) Así sabrán que hay un profeta en medio de ellos”.

Sabemos que durante la niñez de Jesús, como buenos judíos, sus padres cada año viajaban con él a Jerusalén para celebrar la Pascua. Después, como adulto, nos dicen los Evangelios, Jesús fielmente cada sábado iba a participar de la oración en la sinagoga. El evangelista Marcos explícitamente nos habla de su presencia en la sinagoga: “Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos, al oírlo, quedaron asombrados”. Además, el duraba algún tiempo en oración privada, como continuamente lo encontramos en el Evangelio retirado en oración, y muchas veces se iba solo a algún lugar a orar.

Durante el ministerio de los profetas lo mismo que durante la predicación de Jesús la gente no podía aceptar la verdad. Oímos a Ezequiel decir: “Sabrán que hay un profeta en medio de ellos”. Y el Evangelio de hoy termina: “Jesús se extrañaba por su falta de fe”. Algunos políticos cuando no pueden rebatir los argumentos de sus opositores, atacan su vida familiar o sus fallas privadas. Cuando los adolescentes cuestionan la falta de honestidad o de coherencia de sus padres o maestros, los adultos les pueden decir: “¿Quién eres tú para decirme lo que debo hacer? Tú eres solo un chiquillo” o “¿Quién te crees que eres?” Los judíos de la sinagoga parecían decirle a Jesús: “¿Quién te crees que eres? Solo eres un judío como nosotros”. Así que cuestionaban a Jesús.

Si nosotros los cristianos aceptamos a Jesús, creemos y aceptamos todo lo que él nos enseña en el Evangelio. Aunque hay asuntos de nuestra fe y moral que pueden parecer muy difíciles de aceptar, necesitamos humildad para admitir que no somos nosotros los árbitros de la verdad. Por ejemplo hay algunas personas que piensan que robar, ser infieles, o decir “mentiras piadosas” no es un pecado; la persona honesta diría: “Es la ley de Dios”. Engañar es un pecado bajo cualquier circunstancia. Se necesita de coraje para ser un profeta y decir: “Aunque muchas personas lo hagan, el engaño es un mal”.

Oímos a Dios decirle a Ezequiel: “Les dirás lo que yo, el Señor, te comunique. Así sabrán que hay un profeta en medio de ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde”. Muchos pueblos estarán en contra de la asertividad de la verdad, pero este es el costo de ser un profeta. Hemos sido llamados a proclamar que Jesús es en verdad el profeta, y nosotros vivimos y proclamamos su verdad.

Jesús el gran profeta está entre nosotros. Él nos habla en la Sagrada Escritura, en la enseñanza de la Iglesia y en los signos de los tiempos. ¿Nos da miedo a los católicos aceptar que estas enseñanzas sean un reto para nuestra forma de pensar o actuar? Hoy, como en los anteriores domingos, Cristo cuestiona y reta nuestra fe.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar