Nacimiento de San Juan Bautista (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA (B) Lucas 1: 57-66,80

Junio 24, 2018

“A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos”.

Las lecturas para la Misa de hoy no siguen la secuencia acostumbrada para un Domingo del Tiempo Ordinario; la razón es porque hoy celebramos la Solemnidad del Nacimiento de Juan el Bautista. Nuestra liturgia solamente celebra tres nacimientos: el de Jesús el 25 de Diciembre, el de María el 8 de Septiembre, y el de Juan Bautista el 24 de Junio, seis meses antes de Navidad. La importancia de esta celebración no es tanto por ser Juan el primo de Jesús, sino porque él es el precursor y su heraldo. Él tuvo el privilegio de señalar a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Antes de la narración de la infancia de Jesús, Lucas inicia su evangelio con los hechos acerca del nacimiento de Juan el Bautista. Leemos cómo el sacerdote Zacarías y su esposa Isabel eran ancianos y no tenían hijos. Estando Zacarías en el templo con su turno como sacerdote, un ángel se le apareció y le dijo que Isabel tendría un hijo y él le pondría por nombre Juan. Pero como Zacarías no le creyó al ángel, se quedó mudo por un tiempo.


El nacimiento del Bautista está relacionado con el nacimiento de Jesús. El nacimiento de Juan también fue anunciado por un ángel a su padre Zacarías: “No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada. Tu esposa Isabel tendrá un hijo y tú le pondrás Juan (…) El Espíritu Santo vendrá a él aun desde el vientre materno, y él convertirá los corazones de muchos en Israel al Señor su Dios” (Lucas 1: 13, 15c-16).

Hoy escuchamos en el Evangelio: “Cuando a Isabel le llegó el tiempo del parto, dio a luz un hijo varón. Sus vecinos y parientes (…) fueron a felicitarla (…) querían ponerle el mismo nombre de su padre, Zacarías. Pero la madre del niño dijo: ´No. Hay que ponerle el nombre de Juan”. Su padre escribió en una tablilla para sorpresa de todos: ´Su nombre es Juan´. Y al instante recobró el habla y empezó a bendecir a Dios (…) Y todos decían: ´¿Qué irá a ser de este niño?´ Pues se veía cómo la mano del Señor lo conducía´” El nombre de Juan en Hebreo es “Yehohanan”, que significa “Yahveh muestra su favor”. El niño creció y se fortaleció espiritualmente, porque su vocación era ser el profeta del Altísimo.

En la sociedad secular el término profeta puede significar alguien que es capaz de predecir algo que puede suceder en el futuro, o adivinar, por ejemplo, los resultados de deportes y la política y estos resultan siendo como habían sido anticipados. En términos bíblicos, sin embargo, la profecía no necesariamente se refiere al futuro; profecía es la proclamación de la verdad de Dios, y por consiguiente el profeta es quien habla en nombre de Dios. Juan Bautista fue un profeta, pues básicamente proclamó a Jesús como el Cordero de Dios, pero él también fue lo suficientemente valiente para decirle a Herodes que no era correcto vivir con la mujer de su hermano.

Isaías nos da un perfil de un profeta cuando nos dice hoy en la primera lectura: “El Señor me llamó desde antes de nacer, ya en el seno materno pronunció mi nombre (…) Tú eres mi siervo, me dijo (…) Te haré luz de las naciones, para llevar mi salvación hasta los confines de la tierra”. El profeta Malaquías profetizando al futuro Mesías dijo: “He aquí que envío a mi mensajero para prepararme el camino”; y este mensajero era Juan Bautista, quien vino a predicar el arrepentimiento como preparación para recibir el bautismo de Cristo. De esta manera Juan es el mayor de los profetas del Antiguo Testamento y el primero de los profetas en el Nuevo Testamento.

Zacarías lleno del Espíritu Santo dijo una oración de acción de gracias a Dios; esta oración es llamada en el antiguo latín el Benedictus: “…Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar su camino, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados…” (cf. Lucas 1: 68-79). Esta alabanza la recordamos cada día en la Oración de la Mañana del Oficio Divino, la oración oficial de la Iglesia. Desde Pentecostés y a través de los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, también nosotros somos llamados a ser profetas, aunque a veces impopularmente, pero sí siendo testigos de esperanza, reconciliación y paz.

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