Décimo Domingo del Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO


Décimo Domingo del Tiempo Ordinario (B) Marcos 3: 20-35 Junio 10, 2018


“Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios es mi hermano y mi hermana y mi madre”


Después de que hemos celebrado las grandes solemnidades de la Santísima Trinidad y del Cuerpo y la Sangre Santísimos de Cristo, las cuales marcan el comienzo de la última parte del año litúrgico llamada Tiempo Ordinario, hoy nuestras lecturas bíblicas nos dan un tur alrededor del comienzo de la historia de la salvación en el libro del Génesis, en el jardín del Edén; y el comienzo del ministerio de Jesús, en el lago de Galilea. En la primera parte de nuestro tur  podemos enfocar nuestra atención en un respeto y cuidado saludables por la naturaleza, y en la segunda parte en el poder de Jesús de hacer milagros y de cómo él expulsa los demonios y en su autoridad para vencer al maligno. Estos dos asuntos parecen no estar relacionados, pero sí lo están desde la perspectiva de nuestra fe viviente.


El Libro del Génesis dos da hoy un recuento de la entrada del pecado en el escenario humano. Como resultado, llega la hostilidad y división en la obra creadora de Dios, pero ya hay una pequeña chispa en el triunfo que llegará al final. En el Evangelio Jesús tiene que vérselas con el gran enemigo Satanás. Los que están a su alrededor, los que escuchan la Palabra de Dios, también triunfarán contra el mal. Pablo en su segunda carta a Los Corintios anuncia también la victoria final. Mientras sus fuerzas físicas disminuyen, él crece más fuerte en el Espíritu.


El Génesis nos relata una hermosa historia bucólica: Dios toma la forma de un ser humano, un antropomorfismo, en la historia de la creación. Dios busca a Adán en el paraíso, y Adán sabe que él ha pecado porque él se esconde. Adán le dice a Dios que él se ha escondido porque estaba desnudo. Pero esta historia no tiene que ver con la desnudez, pues Dios creó el cuerpo como algo hermoso. El sentido  de estar desnudo aquí, es estar en presencia de Dios. El hombre en su orgullo quiso ser como Dios. Adán desobedeció. Cuando Dios cuestiona a Adán, él no asume responsabilidad por sus actos, él le dice que la culpa fue de Eva. Sin embargo, esta no es una historia infantil. Debemos tomar con profundidad la desnudez de Adán y ver en ella nuestro propio rechazo a la voluntad de Dios y darnos cuenta del mal que hemos hecho.


Así como Adán se presenta en frente del Señor, así lo hacen los escribas frente a Jesús. En vez de ellos reconocer su propio pecado, acusan las buenas obras de Jesús como venidas del diablo. No aceptar la santidad y el perdón de Jesús fue un pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo, y este es el único pecado, dice Jesús, que no puede ser perdonado. Dios no perdona a quien cree que Dios no tiene el poder de perdonarle; esta sería una contradicción.


En el pasaje del Evangelio de hoy la familia de Jesús anda buscándolo. Ellos piensan que por estar tan comprometido en su ministerio él puede perder la cabeza, o por lo menos meterse en problemas con los escribas y con sus seguidores. Jesús no tiene miedo de presentarse tal cual él es. Su familia, o sea, su madre y sus familiares, tratan de disuadirlo de sus acciones públicas, pero él sabe que él está haciendo la voluntad del Padre.


La Palabra de Dios, la Biblia, nos enseña a tomar el mal con seriedad. El mal es una realidad. El demonio es una fuerza autónoma en conflicto con la bondad de Dios. El diablo hace su aparición desde el Génesis hasta el libro de la Revelación. En el ministerio de Jesús sus adversarios lo acusan de ser instrumento de Satanás. Probablemente ellos quieren así justificar su pecado.


Jesús nos ha prometido que el mal será finalmente vencido. Lo que Jesús hizo en su ministerio público, especialmente por su muerte y resurrección, lo lograrán también sus hermanos y hermanas quienes crean en su palabra y hagan la voluntad de Dios. Necesitamos creer que el mal sí existe y se manifiesta en diferentes maneras en nuestro mundo contemporáneo. En su Ascensión Jesús prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo.

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