Pentecostés (B)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

PENTECOSTÉS (B) Juan 20: 19-23 - Mayo 20, 2018

“Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”.

Una familia muy pobre de un pueblito se ganó el premio mayor en una rifa para ir a la Isla caribeña de San Andrés, por cinco días. Ellos llevaron su propia comida: pan y mantequilla de maní. Después de comer durante varios días sándwiches de mantequilla de maní al desayuno, el almuerzo y la comida, el joven hijo le dijo a sus padres: “Si yo tengo que comer sándwiches de maní todo el tiempo, no creo que voy a disfrutar de este hermoso lugar. Prefiero volverme a casa”. Sus padres muy sensibles le dieron lo último que tenían, un billete para que comprara helados. El chico regresó después de varias horas. Ellos notaron que estaba muy alegre. Le preguntaron qué había comido. El respondió: “Un par de hamburguesas, pollo, papitas fritas y un helado grandísimo. Ellos le preguntaron: “¿Y todo eso por dos mil pesos?” “No mami y papi, la comida es gratis. Todo está incluido en el tour”. Y le devolvió el dinero al papá. Todo lo que el Espíritu Santo nos da a nosotros es un don gratuito y está incluido en el tiquete de nuestro bautismo y confirmación.


Los apóstoles estaban reunidos en un lugar seguro, en la misma sala, el mismo lugar donde habían comido la Última Cena con Jesús, antes de que las autoridades judías lo arrestaran. Pero se sentían inseguros de todas maneras. Probablemente ellos permanecieron en el mismo lugar todos esos cincuenta días después de Pascua.

Escuchamos en el Evangelio de Juan: “Jesús se presentó, se colocó en medio de ellos y les dijo: ´¡Les traigo la paz! (…) Así como el Padre me envió, los envío yo a ustedes´ Enseguida sopló sobre ellos y les dijo: ´Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados, y a quienes se los retengan, les quedan retenidos´”. Jesús sopla sobre ellos, re-creándolos, dándoles nueva vida, para así estar listos e ir y compartir el soplo de vida con los demás.

En los Hechos de los Apóstoles escuchamos: “Estaban reunidos todos los discípulos. De repente, un estruendo que venía del cielo, como de un viento huracanado, resonó en toda la casa donde se encontraban, y vieron aparecer como lenguas de fuego (…) Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, con el lenguaje que el Espíritu les inspiraba”. Desde ese momento abandonaron el lugar seguro e hicieron exactamente lo que hizo Jesús antes de que fuera crucificado. Fueron capaces de arriesgar sus vidas por el Maestro resucitado. También a nosotros nos llama Jesús al reto del Evangelio. La mejor manera de hacerlo es subir al cuarto de nuestra oración y recibir la fuerza del Espíritu para hacer frente a las dificultades diarias de la vida.

Pero Jesús nos da mucho más de lo que nosotros esperamos. No solamente nos llama a anunciar su Evangelio. Él nos da la habilidad y la fuerza de hacerlo. Nos da su Espíritu. El mismo Espíritu de Pentecostés nos fortalece para que hablemos el lenguaje del amor, la reconciliación y el servicio a los otros. ¿Cuáles de sus dones necesitamos para cumplir nuestra tarea cristiana? Pidámoslos todos, todos están incluidos: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, conocimiento, piedad y temor de Dios. Se nos invita a aprender a usarlos en cada circunstancia de nuestra vida.

Nosotros cristianos ya hemos recibido al Espíritu Santo en el sacramento del Bautismo y en el sacramento de la Confirmación. Pero hoy recibimos el mandato de Cristo: “Reciban el Espíritu Santo”. Nos maravilla cómo doce hombres sencillos y sin educación fueron capaces de encender el fuego de Pentecostés entre tanta multitud. Y nosotros casi dos mil millones de seguidores de Cristo ¿somos incapaces de llevar a cabo la instrucción del Señor: “Vayan a todo el mundo y proclamen el Evangelio”? Muy probablemente no le hemos pedido al Espíritu Santo que dirija nuestra vida familiar y social. El Papa nos invita a descubrir la alegría de vivir nuestra fe. Dios nuestro Padre nos ha enviado a su Espíritu Santo como el regalo de su divino gozo. Tenemos el deber de compartir el don de esta alegría con todos.

Cristo es fiel a su promesa: “Sepan que yo estaré con ustedes hasta el final del mundo”. Y él la cumple a través del Espíritu Santo que vino en Pentecostés sobre su Iglesia y continúa dándonos su vida. Jesús ascendió al cielo pero permanece con nosotros en su Iglesia por medio de su Espíritu.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar