Ascensión del Señor (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

ASCENSIÓN DEL SEÑOR (B) Marcos 16: 15-20 - Mayo 13, 2018

“Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, dice el Señor. Yo estoy siempre con ustedes hasta el final de los tiempos”.

Cuando nosotros nos despedimos de nuestra familia o de nuestros amigos, no nos gusta decirles adiós, sino que preferimos decirles algo diferente como hasta luego. Solo cuando sepultamos a un ser querido o a un amigo le decimos nuestro último adiós a esa persona. En nuestra cultura el decir adiós se ha convertido en una expresión triste queriendo significar que ya no volveremos a ver a esa persona. San Lucas nos dice al final de su Evangelio que cuando Jesús se separó de sus apóstoles en su Ascensión “Ellos lo adoraron y regresaron a Jerusalén llenos de gozo” (Lc 24: 52). Cuando Jesús estaba preparando a sus discípulos para esta partida él les dijo que a ellos les convenía que él se fuera para enviarles al Espíritu Santo, el maestro y consejero. Jesús nunca les dijo adiós, porque él prometió permanecer con ellos. San Mateo en su recuento de la Ascensión nos narra que Jesús le dijo a sus apóstoles: “Sepan que yo estaré con ustedes hasta el fin”.


Podríamos pensar que la Ascensión de Jesús marcó un momento triste para los apóstoles; entonces la pregunta es: ¿por qué tenían que estar alegres si ya no iban a ver más a su líder y Maestro? Pero aprendemos de esta fiesta y de Pentecostés que la Ascensión fue la preparación para el comienzo real de la Iglesia, la maravillosa experiencia de la misión de los discípulos. Inmediatamente antes de ascender al cielo Jesús le dice a sus discípulos: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a todas las criaturas. Quien crea y se bautice se salvará; quien no crea se condenará”.

Las siguientes líneas del Evangelio no pueden ser interpretadas en forma literal, en forma fundamentalista de decir que cada palabra de la Biblia deba creerse exactamente como está escrita: “A quienes crean no les faltarán estos milagros: expulsarán demonios en mi nombre, hablarán nuevas lenguas, tomarán con sus manos las serpientes, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos, y los sanarán”. Lo que quiso enseñar Jesús era que sus discípulos podrían vencer el mal en todas sus formas. En la Biblia la serpiente representa al Diablo. Los discípulos pueden derrotar al Diablo. El veneno representa no solo una mescla venenosa, sino la maldad en el mundo: odio, envidia, materialismo, corrupción, terrorismo, diferentes adiciones, y muchas otras formas del mal. Jesús dijo que sus seguidores serían capaces de tomar el veneno del mundo y derrotarlo.

Durante nuestra vida tenemos que luchar contra las tentaciones del Diablo y su veneno. Algunos de estos males están dentro de nosotros mismos, otros nos los imponen los demás. Alguna persona tiene que luchar contra el alcohol, las drogas, la infidelidad, la adicción al sexo. Otros tienen que esforzarse por una vida cristiana personal o familiar. Pero recuerda, no estamos solos; Jesús no nos ha dejado huérfanos.

Hoy estamos celebrando la fiesta de la Ascensión de Jesús al cielo. Es el momento cuando Jesús dio a los Apóstoles las instrucciones finales de ir a todo el mundo, proclamar las Buenas Nuevas del Evangelio y bautizar a todos los que creyeran en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Luego él los dejó y regresó a su Padre en la gloria del cielo. Nosotros los cristianos creemos que Jesús ascendió a la derecha del Padre para precedernos y prepararnos un lugar en su gloria. Pero éste es también un momento central en todo el plan de la salvación. Recibimos de Jesús la tarea de continuar y llevar a cabo su trabajo de evangelización.

Durante esta semana entre la Ascensión del Señor y Pentecostés oramos para que se renueve la venida del Espíritu Santo. Al ascender Jesús al cielo nos dice: “Pónganse a trabajar. Vayan y proclamen el Evangelio en todas partes. Venzan al demonio. Venzan el veneno de este mundo. Ustedes pueden ganarles porque yo estoy con ustedes siempre, y el Espíritu Santo los fortalece”. En el football y en nuestra vida la mejor defensa es una buena ofensa. Vayamos a la ofensiva. El Espíritu Santo es nuestra defensa.

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