Sexto Domingo de Pascua (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

SEXTO DOMINGO DE PASCUA (B) Juan 15: 9-17  Mayo 6, 2018

“El Señor nos dice: ´El que me ama guardará mis palabras, y mi Padre lo amará, y vendremos a él´”.

Hoy nuestras comunicaciones nos dan la impresión de que el mundo se ha encogido o que la tierra ha llegado a ser más pequeña. Nuestra comunicación con cualquier persona en cualquier parte del mundo es fácil y rápida. Las redes sociales son un conjunto de relaciones sociales que unen a las personas a través de la amplia red mundial. Las redes sociales incluyen portales y software designados para desarrollar y mantener la interacción social. Las interacciones sociales en línea son la base de una gran actividad virtual como información, educación, juegos, compras, transacciones bancarias, páginas en la red, y desafortunadamente también para hacer el mal. A medida que las actividades de la gente en la red y sus comunicaciones aumentan, la información sobre nuestras relaciones sociales se expone más a la disponibilidad. Sitios de las redes sociales como MySpace, Facebook, You Tube, Twitter, y muchas más permiten a las personas y a las organizaciones a contactarse mutuamente y a hacerse amigos. La Iglesia Católica tiene miles de sitios en la red en todo el mundo que nos ayudan a orar y a reflexionar en los asuntos de nuestra fe. Por ejemplo, en esta nuestra página virtual de templodesanfrancisco.com encontramos una reflexión dominical cada semana basada en las lecturas bíblicas del día.


Las tres lecturas de nuestra liturgia este domingo resaltan la iniciativa de Dios de comunicarse con nosotros. En la primera lectura Los Hechos de los Apóstoles encontramos el reporte del primer contacto de los apóstoles con los no judíos. Es Dios el que envía al Espíritu Santo sobre Cornelio y su familia. Aunque visitar una casa de un gentil no se viera correcto en la mentalidad judía, Pedro de acuerdo a su anterior visión no hace distinción entre lo puro y lo impuro. Este acontecimiento muestra que el Evangelio no tiene barreras para ser predicado. Pedro dice: “Ahora comprendo claramente que Dios no hace discriminaciones, sino que acepta con agrado a todos los que le temen y practican la justicia, de cualquier nación que sean. Todavía estaba hablando Pedro, cuando bajó el Espíritu Santo sobre todos los que estaban escuchando (…) Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.”

En la segunda lectura San Juan nos recuerda que Dios es amor. Recordemos la canción popular carismática que dice: “Dios es amor, la Biblia lo dice, Dios es amor (…) búscalo y verás en el versículo ocho, capítulo cuarto, primera de Juan”. Juan nos enseña que es Dios quien primero nos ama: “El amor consiste no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados”. Dado que la naturaleza de Dios es el amor, las relaciones entre los cristianos reflejan el amor de Dios manifestado en Cristo; pero al contrario, una persona que no ama no conoce nada de Dios.

San Juan en el Evangelio nos dice lo mismo, es Jesús quien nos ha llamado a ser sus discípulos; nosotros no tenemos que buscar a Dios, él es quien nos ha encontrado: “No me escogieron ustedes a mí; fui yo quien los escogí, y los destiné para que vayan y den fruto, y un fruto permanente. Así, todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo concederá. Esto es lo que les mando: ámense los unos a los otros”. Cristo escoge a quienes él ama, no viceversa. Así como Jesús comparte el conocimiento que él tiene del Padre con nosotros sus discípulos, de la misma manera él comparte su amor con nosotros.

En su iniciativa de ser nuestro amigo Jesús dice a sus discípulos: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace el amo; los llamo amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché a mi Padre”. Cuando Jesús dice que él “da la vida por nosotros”, esto no es solamente una retórica, así lo significó y así lo hizo. La esclavitud en el contexto de Juan es esclavitud al pecado, del cual han sido liberados sus amigos. Los amigos confían en los amigos y se comunican el uno con el otro.

Cuando hacemos nuestra profesión de fe durante la Misa, en el Credo decimos: “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso”. Esto significa que hay solo un Dios, y que todos nosotros somos un pueblo. Esto es muy claro especialmente en la primera lectura de hoy, que Dios no excluye a nadie de su amor y salvación; nosotros por consiguiente no tenemos ningún derecho de excluir a nadie de nuestro amor a causa de su estrato social, raza, color, religión, género, orientación sexual, o cualquier otra razón.

Nosotros sentimos una gran atracción por el amor, la ternura y el magnetismo de Jesucristo. No es suficiente usar palabras vacías para decirle a Jesús que lo amamos, como no es suficiente hacerlo con nuestra madre y probablemente darle flores o un regalito, solo por ser el día de la madre. El amor hacia Jesús debemos vivirlo. En el Evangelio de hoy escuchamos a Jesús decir: “Permanezcan en mi amor”. Él nos dice que permanecemos en su amor si guardamos sus mandamientos. Jesús sintetiza todos los mandamientos en relación con el prójimo diciéndonos: “Ámense los unos a los otros”. Pero si nuestro amor todavía no es perfecto, no nos desanimemos, recordemos el aforismo: “Dios hace un gran final de un comienzo lento, y nada podemos hacer mientras no demos el primer paso”.

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