Domingo de Ramos (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

DOMINGO DE RAMOS (B) Marcos 14: 1-15: 47 – Mar 25, 2018

“Cristo se hizo por nosotros obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz; por eso Dios lo exaltó y le concedió el nombre que sobrepasa todo nombre”.

Yo una vez le hice una encuesta a un grupo de jóvenes, acerca de los símbolos que a ellos les gusta usar. Me di cuenta que a muchos les gusta llevar una cruz colgada al pecho, o usar ropa de marca. Pero la segunda pregunta era: ¿con cuál te identificas tú? Muchos preferían la segunda, en vez de identificarse con la cruz. En nuestra sociedad contemporánea la cruz es símbolo de sufrimiento, dolor y muerte. La cruz no es solo el símbolo de la Semana Santa, sino el símbolo para los cristianos de que Jesús amó tanto al mundo, que murió por nosotros en la cruz. Cuando el gran artista Rembrandt pintó su famoso Crucificado, en una esquina de su obra de arte pintó su propio rostro. En el Crucifijo que tenemos en casa podríamos colocar nuestra propia fotografía, para recordarnos a nosotros mismos que somos responsables de la muerte de Jesús, al mismo tiempo que somos sujetos de su inmenso amor. Tratemos hoy en nuestra reflexión, de colocarnos nosotros y a nuestra familia en el Evangelio de la narración de la crucifixión.


De los cuatro Evangelios, el de Marcos es el más corto, sin embargo sabemos casi todo lo que hizo Cristo en su última semana en la tierra. Siendo un Evangelio corto, Marcos nos presenta en forma detallada y larga la narración de la Pasión. Para la Procesión de Entrada a Jerusalén el Maestro había preparado todos los detalles con anticipación. Había contactado al dueño del asno, así que cuando estuvo listo, envió a sus discípulos: “Vayan al pueblo (…) suéltenlo. Y si alguien les pregunta por qué lo hacen, díganle: El Señor lo necesita, pero en seguida lo va a devolver”.

Todo sucedió perfectamente como había sido planeado. La entrada de Jesús a Jerusalén fue la única demostración triunfal donde Jesús animó al pueblo a reconocerlo como rey. En otras ocasiones lo rechazó. Escapó a las montañas solo, porque todavía no había llegado su hora. Éste fue uno de los momentos más emocionantes de su vida, después de la Transfiguración, y por supuesto, de la Resurrección; pero todos ellos en relación con la cruz. Le habían puesto un precio a su cabeza. Las autoridades judías lo buscaban. Lo querían vivo o muerto. Le pagaron a Judas treinta monedas de oro como recompensa, pero el monto no era lo importante, lo que había era un precio por su vida.

Hoy tenemos dos proclamaciones del Evangelio durante la Eucaristía Solemne de la conmemoración de la Entrada del Señor en Jerusalén. En la primera, para la Bendición de las plantas, recordamos que la gente que saludó a Jesús hizo solo una aclamación emotiva: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bienvenido el reinado de nuestro padre David! ¡Hosanna en el cielo!” Muchos lo recibieron como a un Mesías político, el supuesto liberador de sus enemigos romanos, pero no estaban listos para seguirlo en su camino de la cruz para ser liberados de los pecados.

Aunque muchos de los habitantes de Jerusalén estaban equivocados cuando lo recibieron como un jefe político, estaban perfectamente correctos cuando lo proclamaban como “Hijo de David, Bendito el que viene en nombre del Señor”. Ellos eran la clase de personas que les gusta llevar la cruz pegada al pecho, aun una cruz lujosa, pero no están dispuestos a cargarla.

Después de la proclamación del Evangelio de la Pasión según Marcos, oímos que cuando Jesús muere en la cruz, un centurión romano hace esta declaración: “Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”. El amor que recibimos de una persona nos da alegría y vida. Jesús nos ama tanto que recibimos su vida. Al entrar a la más santa de todas las semanas, la Semana Mayor, pidamos poder tener la fuerza de seguir a Cristo y abrazar la cruz en servicio y amor a los demás.

Un pensador una vez dijo: “La cruz nos revela el odio de la gente hacia Dios y el amor de Dios hacia la gente. Creer que Cristo murió es historia, y creer que él murió por mí es salvación. Mientras muchas personas son dignas de admiración, solamente Jesús es digno de adoración”.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar