Primer Domingo de Cuaresma (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

1º. DOMINGO DE CUARESMA (B) Marcos 1:12-15 – Feb 18, 2018

“El plazo se ha cumplido; ya llega el reinado de Dios, vuelvan a Él y crean en el Evangelio”.

Ustedes podrán haber escuchado esta historia: Un barco se acerca a la costa, la pesada niebla intercepta el radar de la nave, y el radar indica que puede haber otro barco en su camino, por lo que el Capitán del barco envía el siguiente mensaje: “Usted debe cambiar su curso 10 grados”.

El capitán recibe una respuesta inmediata por parte del “otro barco”: “Usted es el que debe cambiar su dirección 10 grados”.

El capitán molesto insiste: “Cambie su curso porque yo soy el Comandante de la Marina Francesa.

Desde el otro lado responden: “Yo soy un empleado obediente, le digo que cambie su rumbo.

El capitán lleno de rabia replica: Cambie usted su rumbo, porque esto es un barco de guerra, y yo no respondo por lo que pueda pasarle a usted y a su barco.

Al instante le responden del otro lado: “Aunque sea un barco de guerra, le aconsejo que cambie su rumbo, pues esto no es un barco, este es un faro, y usted esta a punto de estrellarse.


Cuando “Jesús llegó a Galilea proclamando el Evangelio de Dios. Decía: ´El plazo se ha cumplido; ya llega el reinado de Dios, vuelvan a él y crean en el Evangelio”, lo que él quería decirnos es que cambiemos el rumbo de nuestra vida. Cuando tratamos de encontrar el camino y el objetivo de nuestra vida en el placer, el poder y lo material, si no cambiamos de rumbo, nos vamos a estrellar y a arruinar el plan de Dios en nosotros. Pero podemos escoger la vida en vez de la auto destrucción. Jesús es el faro que nos muestra que necesitamos cambiar, porque se ha cumplido el plazo.

Hoy tenemos la historia del diluvio y el arca de Noé y esto nos recuerda el naufragio de grandes barcos en la historia mundial, Titanic, Concordia, y otros, y esto nos asusta, pero el arca de Noé tiene un maravilloso final; el arco iris hermoso es el símbolo de la promesa de Dios. Él promete respetar toda la creación, como lo proclamamos los Franciscanos; pero esto no es nuevo; Dios-creador respeta toda la creación más de lo que nosotros podemos hacerlo.

San Pedro nos dice que el agua del diluvio cubrió la tierra prefigurando nuestro bautismo. En el agua bautismal nosotros morimos como pecadores, para resucitar a una nueva vida en Cristo. En el bautismo somos liberados de nuestros pecados. Durante la Cuaresma renovamos nuestro bautismo en el cual nos iniciamos en la participación del Misterio Pascual de Cristo.

Hemos comenzado la Cuaresma y ahora nuestra mente se enfoca en la oración, el ayuno, el compartir y en hacer penitencia. En el Evangelio oímos que “Jesús permaneció en el desierto cuarenta días y fue tentado por Satanás”. En el desierto fue probado experimentando toda clase de tentaciones. Los animales salvajes son el símbolo del mal y como Satanás son instrumentos de tentación. El venció la prueba y así estuvo listo para la mayor de todas: su pasión y muerte en la cruz. Sus cuarenta días de tentación son el símbolo de los cuarenta años del pueblo escogido en el desierto. Estos “cuarenta” días también simbolizan nuestra jornada terrena de prueba y tentación.

Nosotros debemos pasar por el proceso de pruebas académicas, físicas, espirituales, o de cualquier clase, y esto nos pone nerviosos, porque las pruebas incluyen dolor. Tenemos que pasar por sufrimiento espiritual cuando hay momentos de duda u oscuridad; pensamos que Dios se ha alejado o que no nos escucha. Se nos dificulta orar o recibir los sacramentos. Esta Cuaresma es el tiempo litúrgico del año que nos ayuda a fortalecer nuestra fe, especialmente a través de la oración, la lectura de la Palabra de Dios y haciendo una buena confesión. Así estaremos preparados para nuestra prueba final de vida.

Seamos realistas y conscientes de que los sufrimientos y dificultades son parte de nuestra vida ordinaria, ellos hacen parte de nuestro peregrinaje en la fe; debemos soportarlos con un espíritu cristiano y saber que Jesús nos muestra la ruta correcta. El ejercicio físico a veces es doloroso pero nos hace fuertes y saludables. En el camino espiritual el sufrimiento y las dificultades nos purifican y como pruebas nos fortalecen y dan confianza. Esto me recuerda la oración que un muy querido sacerdote irlandés amigo me regaló una vez y que la rezo cada día: “Señor, ayúdame a recordar que no hay nada que me pueda pasar hoy que tú y yo juntos no podamos resolver”.

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