Sexto Domingo Tiempo Ordinario (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

6º. DOMINGO TIEMPO ORDINARIO (B) Mar 1:40-45-Feb 11, 2018

“Un gran profeta ha aparecido entre nosotros. Dios ha venido a salvar a su pueblo”.

Uno de los momentos asombrosos de la conversión de San Francisco de Asís fue su encuentro con el leproso. Su primer biógrafo Tomás de Celano, en su Primera Vida de San Francisco escribió: “Tan detestables le eran a su vista los leprosos, que él acostumbraba a decir que en su vida de vanidad, prefería mirar a sus casas desde una distancia de más de dos kilómetros y a taparse la nariz con sus manos. Pero después con la gracia y el poder del Altísimo él comenzó a pensar en las cosas santas y útiles, recordando que mientras estaba vestido de trajes mundanos, se encontró un día con un leproso y sintiendo algo más poderoso que él, lo besó. Desde entonces comenzó a despreciarse a sí mismo más y más, hasta que por la misericordia del Redentor, se venció a sí mismo. A otros pobres también (…) les ayudó, extendiendo sus brazos con misericordia hacia los que nada tenían y mostrando su compasión con los afligidos”. Francisco al final de su vida escribió en su Testamento: “Cuando aún estaba en pecado, me era muy amargo mirar a los leprosos, pero el Señor me condujo a practicar con ellos su misericordia”.


Cuando yo estaba en el bachillerato leí el libro El Leproso de Molokai, el cual me fascinó e impresionó mucho, acerca de un sacerdote belga que se fue como misionero a Molokai, en la colonia de Kaluapapa, en el Reino de Hawaii. Después de cuidar a los infectados con lepra, la enfermedad de Hansen, durante diez y seis años, él contrajo la lepra y murió como el Apóstol de los Leprosos. Después de ser canonizado por Benedicto XVI en 2009 San Damián de Molokai es considerado el santo patrono de los leprosos y marginados.

Una vez durante su ministerio público “Se acercó a Jesús un leproso, se puso de rodillas y empezó a rogarle: ´Si quieres, me puedes dejar limpio´. Jesús sintió compasión, extendió la mano, lo tocó y le dijo: ´Sí, quiero que quedes limpio´. Y en seguida se le quitó la lepra y quedó limpio de su enfermedad”.

El Hermano Francisco de Asís y el Padre Damián llevaron a Jesucristo a los marginados de su sociedad. Ellos como Jesús acogieron y tocaron al leproso, preocupándose por el bienestar de los leprosos, sin preocuparse por ellos mismos.

Viendo nosotros la compasión de Jesús por el leproso deberíamos preguntarnos: ¿quiénes son los marginados de nuestra actual sociedad? No son solamente los contagiados con SIDA u otra temerosa enfermedad. Los marginados de nuestra sociedad hoy son también los indigentes, los perturbados mentales, los niños y ancianos de la calle, los desplazados, los desempleados, las personas que avergüenzan a su familia por estar metidos en adiciones o en actividades ilícitas.

A través de su ejemplo San Francisco y San Damián llevaron a la práctica el mensaje del Evangelio de hoy: acoger a aquellos que están sufriendo y tocarlos con el amor curativo de Jesucristo. Siguiendo el Evangelio podemos enfrentar los insultos y ataques de la gente de nuestra comunidad y aún de aquellos a quienes queremos ayudar. Pero es Cristo Jesús quien nos da la fuerza de vencer ese dolor. Una tarde, cuando los frailes y los seglares franciscanos estábamos sirviendo una comida caliente para los indigentes, pasó un hombre y nos dijo: “Ustedes no debieran hacer eso con esa gente; así los acostumbran a no trabajar”. Yo le dije: “La segunda parte es verdad, pero lo peor es no hacer nada”.

Jesús no solo se acercó al leproso, sino que lo acogió y lo tocó, aún yendo en contravía a la ley del Levítico; con esta acción él estaba declarando que la caridad es más grande que la ley. Jesús quiere que nosotros cambiemos nuestra actitud ante el leproso, a quien nunca vemos, o sea hacia aquellos que son despreciados en nuestra sociedad. ¿Podemos nosotros los cristianos, quienes seguimos a Jesús y su Evangelio de compasión y misericordia tratar a los demás con desprecio, rechazo y discriminación?

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