La Epifanía del Señor (B)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR (C) Mateo 2: 1-12 - Enero 07, 2018

“Hemos visto salir su estrella y venimos a adorar al Señor”.

Mucha imaginación y fantasía se ha desarrollado en el curso de los siglos para ofrecernos un aspecto interesante de la escena de la natividad que celebramos hoy. De una parte, está la revelación bíblico-teológica, de otro lado, hay mucha legenda. Comencemos por la segunda parte. Los magos son representados por todos los artistas como tres reyes. Su status real les fue dado en el siglo sexto. Los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar aparecieron el siglo noveno. La razón por la cual se cree que eran tres se debe a que Mateo habla de tres regalos: oro, incienso y mirra. El Monje Veda el Venerable nos explica el simbolismo de estos tres regalos: el oro significa la jerarquía real del Niño Jesús, el incienso solo se ofrece a Dios, y la mirra predice su pasión. Aún en la magnífica catedral de Colonia, se exhiben los tres sarcófagos de plata con las reliquias de los Tres Reyes.


Teológica y bíblicamente, la Epifanía celebra la manifestación del Dios invisible, en la carne para la salvación de toda la humanidad. La palabra en griego significa manifestación, revelación. Mateo nos cuenta una historia hermosa de unos astrólogos que caminaban desde el Oriente en el oscuro paisaje de Belén guiados por una estrella hasta que finalmente llegaron al lugar donde estaba acostado el niño. Estos pintorescos y glamorosos personajes representan a los pueblos paganos con los cuales Cristo iba a formar un solo pueblo con los judíos. La nación judía era el pueblo escogido de Dios, pero siempre fue la intención de Dios el incluir también a los otros en su plan de salvación, y hacer de ellos coherederos de su reino; y esto es lo que significa la Epifanía.

Esta es la historia bíblica que leemos en Mateo: “Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo (…) Después de tener audiencia con el rey, ellos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino”.

Con la Epifanía continuamos celebrando la historia de la Navidad, pero con una nueva dimensión. Jesús no es solo un Rey Judío, del cual tenía temor Herodes; Cristo Rey vino para el mundo entero. En la lectura de Isaías Jerusalén es alertada: “¡Levántate, brilla Jerusalén (…) la gloria del Señor llega sobre ti!”; Es el regreso del pueblo de Dios. Esas caravanas de camellos y dromedarios que vienen desde lejos representan a las naciones de todas partes de la tierra.

Pablo en su Carta a los Efesios desvela el misterio escondido: en el plan de Dios judíos y gentiles son iguales. Mateo expone este mensaje teológico en forma de una historieta. Los judíos habían tenido primero la oportunidad de creer en Jesús y aceptar las profecías que les fueron dadas a través de las Sagradas Escrituras, “pero los suyos no lo recibieron”. Fueron los extranjeros los que movidos por la fe, vinieron a adorarlo.

Con frecuencia nosotros experimentamos epifanías en nuestra vida, una persona que conocemos, un lugar que visitamos, un sueño que tenemos, una oración que hacemos, una historia que oímos, un libro que leemos. Aún con acontecimientos sencillos y cotidianos, experimentamos epifanías. Algunas epifanías llegan espontáneamente, como estando en el campo, en un amanecer, o en medio de una tormenta. Otras veces es algo que buscamos, como una meditación, o las palabras de la Sagrada Escritura.

Al celebrar hoy la Epifanía del Señor somos conscientes de que más que una historia infantil llena de imaginación, ésta tiene un mensaje teológico: Dios está siempre presente en nuestro mundo y dispuesto a revelársenos; Dios-Padre es un Dios de Epifanía.

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