Tercer Domingo de Adviento (B)

REFLEXIONES BILINGÜES PARA EL DOMINGO

3º. Domingo de Adviento (B) Juan 1:6-8, 19-28 – Dic 17, 2017

“El Espíritu del Señor está sobre mí. El Señor me envió a llevar una alegre noticia a los pobres”.

Una historia sencilla oímos hoy: “Vino un hombre que se llamaba Juan, enviado por Dios para dar testimonio de la luz para llevarlos a todos a creer”. Hay tres palabras claves que nos dan una idea clara de quién es Juan el Bautista, los verbos enviar, dar testimonio y creer. Cuando la gente quiere saber más acerca de la razón por la cual él está bautizando, Juan cita al Isaías del Antiguo Testamento: “Yo soy la voz del que grita en el desierto: Allánenle el camino al Señor”. El ser enviado identifica al apóstol, y el dar testimonio identifica al mártir. Juan es ambas cosas. Él es un apóstol porque él fue enviado a proclamar la llegada de Cristo y de su reino, y él fue un mártir porque dio testimonio de la verdad con su sangre. Al Juan señalar a Jesús como el Cordero de Dios nosotros creímos.


Al igual que Juan el Bautista, nosotros los miembros de la Iglesia, obispos, sacerdotes y por supuesto laicos, somos llamados a ser apóstoles y testigos. Esa es nuestra misión común, como bautizados. Compartimos la fe con los demás y ellos creen a causa de nuestro testimonio de vida. La gente necesita nuevos Juan Bautistas para señalar a Jesús y nosotros somos llamados a ser Juan el Bautista para ellos hoy.

Los jóvenes, los niños, los adultos, los creyentes y los no creyentes necesitan nuestro testimonio sobre Cristo en palabras, pero especialmente con obras. Faltando solamente pocos días para la Navidad pensemos en algo importante o sencillo que podamos hacer para nuestra parroquia, nuestros vecinos, o en nuestra propia familia, para hacerle ver a la gente que Jesús vino una vez, está entre nosotros y vendrá de nuevo. No importa qué grande o pequeña la acción, pero que pueda ayudar a los demás a ser felices y les pueda ayudar a darse cuenta de que Dios los ama.

A este tercer Domingo de Adviento lo llamamos “Dominica Gaudete”, Domingo de la Alegría, porque el mensaje que nos da San Pablo en su Carta a los Tesalonicenses, en la segunda lectura es: “Estén siempre alegres en el Señor, de nuevo, alégrense”. Nuestro mensaje y nuestras vidas deben llevar a nuestros amigos y a los demás a alegrarse en el Señor.

¿Cómo podemos combinar dar testimonio y alegría? Les comparto una pequeña historia humorística que una vez escuché en una homilía: Un profesor en el seminario trababa de enseñarles a sus estudiantes que las expresiones de la cara debían armonizar con lo que ellos estaban hablando. “Cuando tú hables del cielo”, dijo, “deja que tu rostro se ilumine, deja que se irradie con los rayos divinos, deja que tus ojos brillen con el reflejo de la gloria. Pero cuando hables del infierno, no importa, la cara que tienes lo reflejará”.

San Pablo nos enseña a encontrar alegría orando sin cansarnos, dando gracias en toda circunstancia y absteniéndonos de toda obra pecaminosa. De todas maneras, sonriamos, estamos celebrando el Domingo del gozo. Por lo menos mantengan esa sonrisa durante las dos próximas semanas. Y no lo olviden: alégrense siempre.

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