Cristo Rey del Universo (A)

REFLEXIONES BILINGUES PARA EL DOMINGO

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY (A) Mt 25:31-46; Nov 26, 2017

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer, con sed y te dimos de beber? (…) cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.

El autor estadounidense Mark Twain escribió en 1881 la novela El Príncipe y el Mendigo acerca de la historia de dos jóvenes que eran muy parecidos: Tomás Canty, un mendigo que vive con su familia abusiva en Londres y Eduardo VI de Inglaterra, hijo de Enrique VIII de Inglaterra. Un día Tomás Canty, el harapiento chico y el Príncipe Eduardo, el hijo del rey Enrique VIII se encuentran y queriendo saber qué se sentía siendo un pobre chico del común, y el otro, cómo ser un príncipe rico, se intercambian de vestidos. Así, vestido con harapos, el príncipe deja el palacio y como los niños eran extraordinariamente parecidos y habían intercambiado su ropa, la guardia de palacio arroja al príncipe a la calle. El príncipe vaga en su pobreza por Londres e insiste en proclamar su identidad como el Príncipe de Gales. Mientras tanto, a pesar de que Tomás repetidamente niega su abolengo, la corte y el rey insisten en que el príncipe se ha enloquecido. Eduardo entonces corre hacia la familia de Tomás y se une a una pandilla de ladrones. A la muerte de su padre Enrique VIII, Eduardo irrumpe en la coronación de Tomás, y los chicos hacen la explicación de lo sucedido y retoman su lugar; Eduardo es coronado rey de Inglaterra.


Hoy celebramos la gran solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey. Hoy es el último domingo del año litúrgico. Somos invitados a servir a Jesús nuestro Rey. En nuestra reflexión se nos recuerda el final del año eclesial, el final de los tiempos, el juicio final y la solemnidad de Cristo Rey. Cristo se sienta en su trono como Rey de Reyes. Él nos juzgará a todos.

Uno de los más hermosos cuadros de nuestro Templo de San Francisco, en Bogotá, es El Juicio Final del pintor colombiano del siglo XVII Gregorio Vásquez de Arce y Cevallos. En la mitad de la pintura Gregorio Vásquez representa al diablo en el lado izquierdo con un libro abierto que dice: “Iudica Domine secundum rectam iustitiam tuam” (Juzga Señor, de acuerdo a tu recta justicia); y a la derecha aparece un ángel sosteniendo un libro abierto con la inscripción: “Iudica Domine secundum magnam misericordiam tuam” (Juzga Señor, según tu gran misericordia). El Evangelio de hoy nos confronta con el hecho de que si no hemos compartido su amor y su misericordia con los demás, tampoco podremos merecer el amor y la misericordia de Cristo en el cielo.

Es interesante que en la novela El Príncipe y el Mendigo, la gente en la calle no reconoció al príncipe vestido con los harapos del mendigo aunque él insistía en proclamar su identidad como verdadero Príncipe de Gales. En el Evangelio no solo los bienaventurados de la derecha, los que ayudan a los demás, sino los del lado izquierdo, los que no prestan ayuda a los otros, dicen que ellos no recuerdan haber visto a Jesús. ¿Por qué? Jesús está presente en cada acontecimiento de nuestras vidas; el problema es que nosotros no lo reconocemos a él. Él está presente en los sacramentos, en nuestra oración, en la Sagrada Escritura, en nuestra familia, en cada persona que encontramos; pero él también se hace presente en el pobre, en el sin techo, en el afligido, y en cada persona que pueda necesitar nuestra ayuda.

Jesús se haya presente en el pobre y en los más pobres de los pobres, como se refería la Madre Teresa de Calcuta a los sufrientes de la calle. Ella es probablemente nuestro más reciente referente de amor y misericordia por los pobres. Su comentario sobre el Evangelio era que al final de nuestras vidas nosotros no seremos evaluados por los muchos diplomas y honores recibidos, o por las grandes cosas que hayamos hecho. Seremos juzgados por “Tuve hambre y me diste de comer. Estaba desnudo y me vestiste. Estaba sin casa y me acogiste”. La Madre Teresa decía: “Hambre no solo de pan, sino hambre de amor; desnudo no solo de ropa, sino de dignidad humana y respeto; sin casa no solo de un cuarto de ladrillos, sino desplazados por el rechazo. Éste es el Cristo disfrazado de pobre”.

El Evangelio de hoy es nuestro más grande desafío cristiano. Seremos responsables no solo por el mal que hacemos, sino por el bien que dejamos de hacer. Mientras esperamos el regreso de Nuestro Señor Jesucristo en la gloria, somos llamados a ser sacramentos vivos del reino de Cristo, un signo de fe y amor para el mundo de que el reino de Dios está presente entre nosotros. El reino de Dios está presente, pero todavía falta, lo que significa que nosotros somos parte de un reino en forma imperfecta, hasta que Jesús venga de nuevo en su gloria para cumplir su promesa de llevarnos al cielo.

Concluimos el año litúrgico pidiéndole a Dios Padre que nos ayude a servir al Rey de Reyes presente e identificado en el pobre y en los más pobres de los pobres.

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